Diego no se va, por Laura Giussani Constenla

El mes pasado, Maradona cumplía 60 años. No pude evitar dedicarle mi columna en la radio, titulada «Quién sabe por qué». Me preguntaba qué representaba el Diego: «El Ser Nacional no existe, pero que lo hay, lo hay, como las brujas. “La idiosincrasia”, “la gente”, todos esas ideas vagas que no tienen ningún asidero y la sociología aborrece -y yo también- afloran de manera intespestiva ante cada cumpleaños de ‘Nuestro’ Diego Maradona.»

Hoy, dicen que Diego murió y a mí se me hace cuento, como a Borges se le hacía cuento que nació Buenos Aires. «Lo juzgo tan eterno como el viento y el aire».

Argentina está de luto. Ni llorar podemos, aquí estamos, incrédulos, paralizados, dolidos. Hace un mes, yo decía:

«Diego es un compendio de nuestras virtudes y miserias. Autor de frases que ya quedaron en el imaginario argentino: La pelota no se mancha, me cortaron las piernas, se me escapó la tortuga, etc. Con el Che tatuado en el brazo, y a los abrazos con Menem. Amante de la familia, Claudia, Dalma y Gianina como emblema, hasta que se supo que tenia hijos en cada puerto sin reconocer y ahora pelean por los bienes. Símbolo del sano talento deportivo que estuvo al borde de la muerte por droga y obesidad en más de una ocasión. Diego es nuestro, te guste o no, somos así. Contradictorios, maravillosos, viles y seductores. La diferencia es que él es Dios, y nosotros somos simples feligreses en busca de una fe.

Ya sé, no me digás, tenés razón, pensar en una idiosincracia o ser nacional es un mamarracho, te aplazan en sociología, pero la realidad es otro mamarracho, tan inasible a las leyes de las ciencias humanas como el espíritu santo. Dijo un filósofo español, Julián Marías:

“Los argentinos están entre ustedes, pero no son como ustedes. No intenten conocerlos, porque su alma vive en el mundo impenetrable de la dualidad. Los argentinos beben en una misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto -el tango- y se ríen de la música de otro; toman en serio los chistes y de todo lo serio hacen bromas.Ellos mismos no se conocen. Creen en la interpretación de los sueños, en Freud y el horóscopo chino, visitan al médico y también al curandero todo al mismo tiempo. Tratan a Dios como ´El Barba´ y se mofan de los ritos religiosos, aunque los presidentes no se pierden un Tedeum en la Catedral.”

Así somos. Amén.»

La Columna Vertebral, periodismo a la gorra. Echá una moneda