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Trabajadores en la historia

Julian Beviglia

Julian Beviglia,uno de los trabajadores que el gobierno sostiene que no es productivo y no cumple con sus tareas en el INTI, publicó en su facebook.: “Ayer me enteré que mí nombre formaba parte de la lista de 250 despedidos del INTI. Los medios de comunicación en su afán por justificar despidos están saliendo a decir que la plantilla de despidos se armó en función al cobro del presentismo y el cumplimiento de tareas. Nada más falso que eso. Soy un técnico químico que trabaja en el sector de adhesivos del INTI, hace tan sólo un par de meses uno de mis trabajos de investigación recibió una de las 35 menciones especiales que fueron otorgadas sobre un total de más de 350 trabajos presentados en las jornadas “tecnoINTI 2017″. El mismo proyecto de investigación ha sido presentado en numerosos congresos, está tramitandose la patente del producto que dio origen y existen numerosas empresas interesadas en su adquisición. Sin entrar en detalles, el objeto de la investigación implica la eliminación de un producto cancerígeno qué se utiliza en la fabricación de tableros de madera que acarrea, hoy en día, numerosos padecimientos para los trabajadores que fabrican o manipulan dichos tableros (desde el operario hasta un carpintero que trabaje en aglomerado), y para absolutamente toda la población que posea al menos un mueble elaborado con tableros de partículas o MDF en su casa. Es decir, toda la población.”

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Destacada

Adalberto “Plomito” Soba: que digan dónde está, por Ezequiel Hermida

No sabemos, al 20 de mayo de 2020, dónde está Adalberto Waldemar Soba Fernández. Sabemos, sí, que fue uno de los tantos detenidos desaparecidos por la última ola de dictaduras militares que sometió a América Latina en la década del 70. Sabemos que nació en Montevideo y que, además de militante y trabajador de frigorífico y de la industria textil, fue el único jugador de fútbol uruguayo desaparecido. Sabemos que jugó en el Club Artigas de La Teja, que fue lateral izquierdo y que el club lo recuerda activamente en cada Marcha del Silencio.

Sabemos, de “Plomito”, como lo llamaban, que perteneció al gremio de la carne y a diversas agrupaciones de izquierda, desde Federación Anarquista Uruguaya, pasando por la Organización Popular Revolucionaria 33 Orientales (OPR33), para luego ser uno de los fundadores del Partido para la Victoria del Pueblo. Después de que su nombre fuera “requerido” por las fuerzas militares del gobierno, sabemos que partió a Buenos Aires en el año 1973 junto a su esposa María Elena Laguna, a quien le había aconsejado que no militara por seguridad, y sus tres hijos: Sandro, Leonardo y Tania. 

El director de cine Walter Tournier abraza una foto de Adalberto Soba

Sabemos que no abandonó jamás la militancia, que ya en Buenos Aires tuvo una imprenta en su casa, en Haedo, en donde siguió coordinando actividades para el PVP, junto a otros compañeros uruguayos, también exiliados en Argentina. Sabemos que no se detuvo a pesar de que el 24 de marzo de 1976 se consumó el golpe militar en aquel país que hizo las veces de refugio y que el gobierno de facto rápidamente comenzó a operar en conjunto con las otras dictaduras del continente en el marco del denominado Plan Cóndor, volviendo tan peligroso el territorio argentino como el uruguayo. 

También sabemos, en palabras de María Elena, que la mañana del 26 de septiembre de 1976, Adalberto salió para encontrarse con su compañero Alberto Mechoso en un bar y que alrededor de las 14 horas irrumpieron aproximadamente 10 personas en su casa y le dijeron “mirá lo que te trajimos”. Lo que le trajeron era su marido, envuelto en una manta, semidesnudo y ensangrentado. Sabemos que fueron trasladados, Adalberto, María Elena y sus tres hijos de 8, 4 y 2 años, al centro clandestino de reclusión Automotores Orletti, ubicado en el barrio porteño de Floresta, que durante ese periodo funcionó bajo el mando de quien era jefe de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE-Argentina), Otto Paladino, en coordinación con el Ejército y militares uruguayos. Allí fue la última vez que vieron a Plomito. Le dieron a su familia un rato para despedirse, ya que ellos serían trasladados a Uruguay y él no.  

No sabemos más nada de Plomito Soba desde ese día. Sabemos que su familia fue trasladada a Uruguay y luego de unos días fueron liberados. Sabemos que esperaron encontrarlo en cada liberación de detenidos, en cada avión que llegaba. Sabemos del dolor y de la angustia. Afortunadamente, también sabemos que ocho militares y policías fueron juzgados y apresados por su secuestro y desaparición. Sin embargo, sus hijos, junto a Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos y otras agrupaciones de Derechos Humanos, siguen reclamando por la imperiosa necesidad de saber dónde está Plomito y dónde están tantos otros y tantas otras víctimas de lo infame.

Este año, el coronavirus no permite que la Marcha del Silencio se lleve a cabo de manera presencial. Sabemos, sin embargo, que eso no impedió que desde cada casa en Uruguay, y en toda Latinoamérica, en donde albergue la convicción de pedir por más memoria, más verdad y más justicia, se rinda el debido homenaje a los que pagaron con su vida la defensa de sus ideales, y se grite por la aparición de los que aún no sabemos dónde están. Como Plomito, laburante, militante y futbolista. 

Por @EzequielHermida

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Síntesis informativa semanal

Finalizó la conciliación obligatoria y Revista Pronto confirmó su cierre

Luego de que terminara la conciliación obligatoria dictada por el Ministerio de Trabajo, las autoridades de la Revista Pronto confirmaron nuevamente su intención de cerrar la empresa y despedir a todo su personal.

Los trabajadores de Pronto indicaron que el pasado 15 de abril “decidieron darle de baja en AFIP a los 100 trabajadores despedidos”, lo cual implica que “el próximo mes no tendremos los aportes patronales y por lo tanto nos quedaremos sin obra social o prepaga en medio de una pandemia sin precedentes que pone en riesgo nuestra vida”.

Eduardo Lerner y Abel Nahon, dueños de la revista, habían anunciado inicialmente los despidos el 1° de abril, poco después de que el Gobierno Nacional emitiera un DNU en el que se prohibían los despidos por 60 días.

A pesar de la intervención del Ministerio de Trabajo y la resolución de una conciliación obligatoria los empresarios decidieron seguir adelante con el cierre y las cesantías, razón por la cual desde el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (Sipreba) instaron “al Ministerio de Trabajo y al presidente Alberto Fernandez para que haga cumplir el DNU y la conciliación obligatoria, reponiendo el trabajo al personal, volviendo dar de alta a cada trabajador y aplicando a la empresa las sanciones correspondientes a la infracción tipificada en el art. 4to. Inciso f) de la Ley 25.212”.

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Internacionales

Joven español se enfrenta a 40 años de cárcel por ayudar una familia de refugiados palestinos en la ruta

Pablo Campos Castillo, sevillano de 28 años, se enfrentará esta semana a la Justicia griega, que pide 40 años de prisión por presunto tráfico de personas luego de que el joven español ayudara a una familia palestina que se encontraba haciendo autostop entre Kavala y Tesalónica.

El hecho ocurrió el 9 de diciembre de 2018, cuando la policía griega interceptó el coche en el que se encontraban Campos, su pareja y la familia palestina. Pablo relató a La Mar de Onuba que la familia llevaba más de 40 kilómetros andando por el costado de la autopista, según le contaron, y se encontraban “en un estado de salud lamentable”.

Campos, que vivía hacía cuatro años en Grecia, ya había colaborado a personas refugiadas en situación de exclusión y conocía varias ONG en Tesalónica que podían ayudar a la pareja y su hijo. Su primera intención fue acercarlos a alguna de las organizaciones. Sin embargo, tras un control rutinario, el español y su pareja fueron detenidos, acusados de transportar ilegalmente a refugiados.

“Allí permanecí encerrado durante tres largos días  sin que nadie me informara en mi idioma y sin que siquiera me informaran de mis derechos como detenido”, explica Pablo sobre su detención en unas dependencias policiales. Por casi dos semanas, Campos fue confinado en un centro de internamiento, hacinado junto a otras 15 personas «con las que tenía que compartir baño dentro de la propia celda. No veíamos la luz más que por una pequeña ventana que daba a un patio interior».

En Nochebuena de 2018, el juez le impuso una fianza y fue deportado sin siquiera poder recoger sus objetos personales. En un abrir y cerrar de ojos, el trabajo, la pareja, la casa y todo lo que había reunido durante sus cuatro años en el país “se perdió sin que pudiera ni despedirme”. Junto a la deportación llegó su consideración oficial como “persona peligrosa para el estado griego”.

El joven sevillano ha presentado tres recursos para paralizar el proceso y poder regresar a Grecia para reencontrarse con su pareja. Campos lamenta que el Estado español no le haya prestado ningún tipo de ayuda jurídica ni personal. “Me han dicho que no pueden hacer nada, y que la única ayuda que me podrían ofrecer vendría en el caso de que hubiera una condena para evitar ser internado en una cárcel griega”.

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