Carta Abierta a la Humanidad, es el título de una denuncia firmada por personalidades como Chico Buarque, el padre Julio Lancellotti, coordinador de la Pastoral do Povo de Rua, Leonardo Boff y Mauro Morelli, obispo emérito de Duque de Caxias, entre otros, quienes consideran que en Brasil existe un genocidio por la actitud irresponsable y ‘fascista’ de su presidente, Jair Bolsonaro. Ya son 264.446 los muertos por culpa de la pandemia, con 10.939.320 de contagiados. Este sábado, día en que fue difundido el texto de la Carta Abierta, también se conoció la cifra de muertos en la última semana: 10.000. A pesar de la contundencia de los números, esta semana Bolsonaro volvió a minimizar la pandemia, criticó el aislamiento social y aseguró que a fin de año todo estaría solucionado. 

En la carta, los firmantes hacen un llamado al Supremo Tribuna Federal, la Orden de Abogados de Brasil y el Congreso Nacional de Obispos de Brasil, y a la ONU: “Pedimos con urgencia al Tribunal Penal Internacional (TPI) que condene la política genocida de este gobierno que amenaza a la civilización”.

“Brasil grita por socorro”, es el llamado desesperado de los intelectuales.

Brasileras y brasileros comprometidos con la vida repudian al genocida Jair Bolsonaro, que ocupa la presidencia de Brasil junto a una manga de fanáticos movidos por una irracionalidad fascista.

Este hombre sin humanidad niega la ciencia, la vida, la protección del medio ambiente y la compasión. El odio al otro es su razon en el ejercicio del poder“.  

Y sin medias tintas, finalizan diciendo. 

Nos hemos convertido en una cámara de gas a cielo abierto. El monstruoso gobierno genocida de Bolsonaro dejó de ser una amenaza solo para Brasil y volvió una amenaza global“. 

En efecto, la preocupación no es solo brasilera. Así la resume Darío Pignotti en Página 12: “El mundo comienza a caer en cuenta de que el jefe del Estado militarizado brasileño (cuyos principales ministerios fueron confiados a generales, incluso el de Salud, comandado por el no médico Eduardo Pazuello) llevará a su país a un pandemónium bacteriológico que puede atravesar sus 17 mil kilómetros de fronteras con países sudamericanos, de los cuales poco menos de 1.300 son compartidos con Argentina. Y al igual que ocurrió con el virus originario detectado en China, las potenciales superbacterias brasileñas podrían esparcirse por el resto del mundo. Surge aquí un posible debate: ¿puede un presidente, alegando razones de soberanía nacional, adoptar medidas que atenten contra la salud pública global? Este interrogante es similar al que cuestiona si la comunidad internacional debe permanecer inmutable cuando Bolsonaro incita a devastar la Amazonia como si ésta fuera suya, y las consecuencias no afectaran al planeta.”

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