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La V Columna | Crónica de frontera. Persecución gremial en Uruguay.

Aquí sigo, del otro lado del río que- por ese curioso capricho de las fronteras- dicen que se trata otro país. Costa Oeste del Uruguay. Esto de los límites políticos tiene algo estrafalario. Hubo unos genios que algún día establecieron límites geográficos marcados por ríos o montañas. Ignoraban que la geografía lejos de dividir, une. Los pobladores de un lado y el otro del río forman parte del mismo ecosistema, es decir, comparten un espacio histórico, cultural, ambiental, con unidad de lenguaje y costumbres, fauna y flora. Pero no lo entendieron así los trazadores de límites a puro hachazo. Zacate. Palo y a la bolsa, ‘¡tenemos que hacer un mapa, qué tanto!’. Muchas muertes y guerras hemos pasado solo para establecer que este lugar, donde ahora estoy sentada, idéntico al que tengo enfrente, es otro país.

Pero, como somos un programa de y para trabajadores, no entendemos demasiado de fronteras políticas. Trabajadores del mundo uníos, dijo uno por allí. Así que La Columna Vertebral desembarca en Uruguay, en el mismo lugar en el que lo hizo Solís (esperemos que con mejor suerte), y la misma curiosidad con la que llegó Darwin. Les iré contando cómo van las cosas por aquí con los trabajadores de éste lado.

Hoy, vaya esta increíble historia de persecución gremial a docentes.

Montevideo, Uruguay, 28 Octubre de 2020. Sociedad. Marcha de la educación convocada por FENAPES en reclamo de mas presupuesto. Foto: Dante Fernandez / FocoUy

Una noche de marzo de 2019, catorce docentes del Liceo de San José, agremiados en la Federación de Profesores de Educación Secundaria (Fenapes) tuvieron la idea sacarse una foto con un cartel dentro de la escuela para apoyar una postura de su sindicato.

Las autoridades pusieron el grito en el cielo. Este simple acto les pareció de una gravedad inusual: “¡Política en la escuela! ¡Adoctrinamiento! ¡Desacato! ¡Fuera!”, parecían gritar desde arriba. Sostenían que el hecho violaba la ‘laicicidad’ de la educación, según la cual no se puede imponer al alumnado ninguna idea religiosa, política o sectorial. De hecho, les iniciaron sumario y fueron suspendidos de inmediato por 6 meses con la reducción al 50% de su sueldo por el mismo período.

El sindicato se quejó, pataleó, pero no hubo caso. El 2021 terminó con una resolución insólita. Dos de las docentes investigadas fueron notificadas de que la División Jurídica de la Dirección General de Educación Secundaria (DGES) optaba por su destitución -que implicaría una inhabilitación para trabajar en el futuro en la educación pública- ya que entiende que violaron el artículo 58 de la Constitución de la República.

Ustedes dirán: “y bueh, lo dice la Constitución, son reglas”. Pero qué decía exactamente el cartel con el que se fotografiaron los profes, con un muro de fondo, en una escuela vacía, no frente al alumnado; ¿insultaba al presidente? ¿llamaba a un levantamiento estudiantil?

No, simplemente un grupo de sonrientes docentes. Habían escrito una cartulina rosa, con marcador grueso y una clara letra de maestros: ‘No a la reforma’.

¿De qué reforma hablaba? Una que se quiso imponer por plebiscito bajo el nombre de Vivir sin Miedo, que preveía la creación de una Guardia Nacional militar con las fuerzas armadas para ocuparse de la seguridad, prohibición de derechos penales como libertad anticipada, allanamientos nocturnos, actualmente prohibida en Uruguay, aún con la firma de un juez, solo se puede allanar de día. El gremio hizo campaña contra ese propuesta adhiriendo a la consigna: No a la reforma, el miedo no es la forma.

Finalmente el plebiscito se hizo y perdieron los reformistas. Es decir, la mayoría de la ciudadanía pensaba lo mismo que los profesores, el miedo no era la forma.

Pero el miedo cayó sobre los docentes. Por un acto tan simple, como es el sacarse una selfie en la sala de profesores fuera del horario escolar y colgarla en las redes para mostrar su adhesión a la postura del sindicato, dos profesores quedarán sin trabajo, no podrán más ser ‘funcionarios públicos’ por violar la constitución.

La denuncia inicial había sido hecha por la directora del liceo, en aquel marzo del 2019, cuando todavía gobernaba el Frente Amplio. En aquel momento el Ministerio de educación decidió desestimarla y la archivó. El plebiscito en cuestión era promovido por Larrañaga, reconocido dirigente blanco, que luego fue Ministro del Interior de flamante gobierno de Lacalle Pou. Cambio de aires políticos. Sacaron el expediente del cajón.

El silencio se está imponiendo en las aulas. Pocos son los que se animan a levantar la voz, a quejarse, a opinar. La idea de ser destituidos de por vida es una espada sobre la cabeza de aquellos que deberían sentir la libertad de enseñar el valor de la libertad.

La Fenapes ya anunció que apelará la medida y llevará el caso a la OIT por violación de los derechos del trabajador y a la Comisión Internacional de Derechos Humanos. Entre tanto, quedó sentado el precedente: no hables, no opines, no te fotografíes, o podés perder tu trabajo para el resto de la vida.

Pequeñas delicias de la represión en un hermoso país republicano.

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Yo quiero a mi bandera | Por Laura Giussani Constenla, desde Italia

Así como en Montevideo nos llamaron la atención los coloridos carteles colgados en balcones y ventanas con una identificación clara y precisa, “esta es una casa feminista”, hoy, en Toscana, impresionan las banderas que aparecen aquí y allá, con los colores del arcoiris, que solo dicen PACE. Sí, es fuerte verlas en este momento cuando la guerra en Ucrania – o la Invasión Rusa en Ucrania- está sacudiendo el mapa mundial y dejando miles de muertos. Pace, dicen las ventanas. Pace, insisten grandes organizaciones obreras como CGIL. Pace en los comercios. Paz, paz, paz, es la consigna.

Viví siete años en Italia, en Roma, entre el 76 y el 83 y nunca había visto esta bandera de la Paz. ¿Se inventó ahora? No, tiene toda una historia que espero poder resumir en pocos minutos.

Todo indica que el inventor de La bandera de la Paz en Italia fue Aldo Capitini, un filósofo y escritor pacifista llamado el Gandhi Italiano, defensor de la objeción de conciencia para la guerra, y precursor del vegetarianismo. Inspirado en otras banderas previas, mandó a cocer a unas amigas siete franjas de colores, con el violeta en primer lugar, para llevarla como estandarte a la marcha por la paz de 1961.

Capitini, oriundo de Peruggia y luego profesor en Pisa, comenzó a idear sobre el final de los años 50 una marcha entre su ciudad natal y San Francisco de Asis (santo italiano de la No Violencia). Estaba convencido que debía ser una marcha popular y regional, en contra del ‘Nuevo Orden Internacional’ surgido de la segunda guerra mundial. Contra el muro de Berlín y la guerra fría, contra los dos imperios que querían dominar el mundo, o que estaban dominando el mundo. El lema era: “La paz es algo demasiado importante para dejar en mano de los gobernantes”.

Cursé media carrera de sociología en Italia, participé en política y manifestaciones y feminismo, y nunca había escuchado hablar de Aldo Capitini, el que por primera vez llevó un estandarte contra la guerra en aquella histórica marcha que comenzó a las 8 de la mañana del 24 de septiembre de 1961, a la que adhirieron sectores diversos de obreros, intelectuales diputados y asociaciones diversas. Algunos de los inspiradores de Capitini fueron los pacifistas anglosajones que en 1958 marcharon con Bertrand Russell contra la base nuclear de Aldermaston.

Entre los varios lemas que tenía la movilización liderada por Capitini figuragan: el fin del imperialismo, del racismo, del colonialismo, de la explotación, el desarme total controlado, la suspensión de experimentos nucleares y tantas otras utopías. Año 61. Aldo murió en el 68, de muerte natural. Su bandera de la paz hoy está expuesta en la Biblioteca Comunal de Peruggia.

Claro está que nada nace de la nada. La bandera de Capitini se inspiró en una iniciativa previa de los llamados ‘Partigiani della Pace”, de Umbria, una organización obrera que diez años antes, en 1951, se reunieron en Potenza Picena, y en pleno dopoguerra dieron una conferencia de prensa para afirmar la paz con una bandera de fondo que tenía los colores del arcoiris, la paloma de Picasso y un texto: viva la pace.

Conferencia de prensa de los Partigiani della Pace, Potenza Picena, 1951. En el centro, Guido Morgoni, obrero de la Societá Ceramica Adriática; a su izquierda, Fernando Cutini, hermano de Mariano, asesinado por los nazi-fascisti. La iniciativa fue impulsada por los partidos comunista y socialista.
Conferencia de prensa de los Partigiani della Pace, Potenza Picena, 1951. En el centro, Guido Morgoni, obrero de la Societá Ceramica Adriática; a su izquierda, Fernando Cutini, hermano de Mariano, asesinado por los nazi-fascisti. La iniciativa fue impulsada por los partidos comunista y socialista


Y si seguimos indagando aparece una bandera parecida en 1913, obra de un pastor metodista norteamericano: James Van Kirk di Youngstown, Ohio (USA).

Nadie inventa nada, la historia se va completando, pieza a pieza, huella a huella. ¿Quién puede decir quién fue el inventor de una bandera? Hubo sí, una línea o curva de ideas que fue tomando símbolos.

La última evolución de la Bandera de Van Kirk o de los Partigiani de la Pace o de Aldo Capitini, fue la que le dio Gilbert Baker, en San Francisco, años 1978, y con el rojo en su franja superior se convirtió en insignia del movimiento Gay, denominado posteriormente LGTB. No deja de ser curioso este ensamble entre la paz, la no violencia, la lucha contra el racismo y los derechos LGTB.

Curiosidades de la historia olvidada, de la que no nos contaron. Parece haber un hilo conductor entre los guerrilleros de la paz y el LGTB.

En estos días, la bandera de Capitini volvió a mostrar su mensaje. Muchas organizaciones llamaron a rescatar aquel símbolo, con estas palabras:

“En un momento oscuro como este, volvemos a necesitar empuñar la bandera del arcoiris, salir a la calle, colgarla de nuestras ventanas, y reclamar el fin de una guerra que se está llevando vidas. Es hora de terminar con esta inútil masacre”.

La bandera de la paz debe volver a flamear. Como sucedió en el 2003 cuando millares de personas se manifestaron contra el conflicto con Irak. “No en mi nombre”, fue la consigna.

Hoy, quienes repudian la guerra de Ucrania en Italia, recuerdan que existe el artículo 11 en la Constitución Nacional que dice: “l’Italia ripudia la guerra come strumento di offesa alla libertà degli altri popoli e come mezzo di risoluzione delle controversie internazionali”.

Pero, como es sabido, mientras a las bandera las mueve el viento y a las palabras se las lleva.

En febrero de este año, apenas comenzado el conflicto, Italia fue la primera en prometer armas para la resistencia ucraniana. En pocos días, esas armas empezarán a llegar a Kiev. En estos días, el vicepresidente del 5Stelle -de la coalición de gobierno-, cuyo apellido es Turco, (curiosidades de la historia) pide la suspensión del envío y exige que lo trate el parlamento.

Una vez más, recuerdo a Bertrand Russell y su incisiva frase: “Nunca daría la vida por mis convicciones porque podrían estar equivocadas”. Y también al querido Lucio Dalla que en un hermoso  concierto, antes de cantar una canción que había escrito cuando empezaba la guerra de Bosnia, dijo: “Todas las guerras dan asco, y debería ser un derecho que uno pueda decir: yo no quiero morir por eso. Además, era una guerra fraticida en la que se mataban entre hermanos”. Algo parecido a lo que pasa ahora.

Insomma, hagamos flamear la bandera de la paz en el mundo entero. Una paz sin injusticias ni racismos ni explotación ni violencia de género.

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