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Elecciones en Colombia: “El discurso de Hernández muestra muchas inconsistencias”

Directamente desde Barranquilla, el periodista Pablo Solana charló con Laura Giussani Constenla acerca de las elecciones que tuvieron lugar en Colombia y cómo llegan los candidatos Gustavo Petro y Rodolfo Hernández al ballotage que el 19 de junio decidirá el nuevo presidente.

LCV: Tenemos en este momento un fenómeno que está en Colombia, que está por hacer un balotaje donde por primera vez podría ocurrir que gane un presidente de izquierda. Vos, en principio, ¿Dónde estás instalado?

-Ahora estoy en Barranquilla, en la costa. Aquí se llama el departamento, que sería como nuestras provincias del Atlántico, y es una región donde la candidatura de Gustavo Petro y Francia Márquez, de esta fórmula alternativa, logró un muy buen resultado, pero aun así, el desafío sigue estando latente para estas semanas hasta el 19 de junio que sea la segunda vuelta electoral porque no alcanzó, porque llegaron al 40% con la fórmula apoyada por la izquierda, el progresismo y el conjunto de los movimientos sociales aquí en Colombia. Entonces estamos registrando. Mañana habrá actividades en los barrios para ver cómo se motiva más, sobre todo a la juventud, que está históricamente ajena de la coyuntura electoral, pero que ahora hay un mayor interés en lograr que participen. Así que por aquí andamos.

LCV: ¿Cómo es el clima en la calle?

-Primero, digamos algo de estos dos candidatos, de estas dos fórmulas que llegan al balotaje, porque efectivamente son muy demostrativas de un clima de época. Colombia vivió unas últimas décadas de mucha violencia política y eso parece haber llegado a su fin, porque estos dos candidatos están por fuera de la dinámica, tanto de esa derecha que expresó el uribismo, la fuerza del ex presidente Álvaro Uribe, como también de los partidos tradicionales y el liberalismo, el Partido Conservador, el partido de la U por unidad, que fue el partido del otro ex presidente, Juan Manuel Santos. Hoy son fuerzas residuales que se acomodan circunstancialmente con algunos de estos grandes frentes, desde una identidad más de izquierda a este hombre, Hernández, como bien decías, una identidad un poco bizarra pero que sintoniza con un humor social que está cansada de los políticos tradicionales. Entonces ahí hay algo que expresa el humor social. 

Después, cómo está viviendo hoy la sociedad de estas elecciones, hay un nivel de politización bastante interesante para lo que es la sociedad colombiana, donde la represión siempre inhibió formas expresivas de opinar políticamente. No era muy habitual ver, ya sea carteles en las casas adhiriendo a la campaña del candidato izquierda como en las veredas. Así que eso se lo puede entender como un clima saludable. Claro que sigue habiendo amenazas y hubo una campaña política, sobre todo hacia las últimas semanas de las elecciones de primera vuelta, donde los candidatos de izquierda tenían que estar con escudo antibalas y con amenazas de que pudiera haber algún ataque contra sus personas. Por suerte, eso no sucedió. La jornada electoral fue tranquila y el nivel de participación fue relativamente alto, aunque aquí como no es obligatorio votar, e históricamente nunca hubo alto porcentaje de votación, ya con que hayan ido el 54% de los colombianos y colombianas habilitadas para votar es mucho. Ese techo se espera también superar ahora, porque las dos fórmulas están detrás de incrementar su caudal de votos. Así que esperemos si el 19 de junio realmente se confirma esa hipótesis y se da cuenta de una elección histórica. Eso se espera aquí en Colombia.


“A Hernández se le está resquebrajando su cáscara de propaganda y comienzan a aparecerle causas de corrupción muy sólidas”

SOBRE LAS POSIBILIDADES DE AMBOS CANDIDATOS

LCV: En Colombia está muy estigmatizado quizás o más acentuado el tema del poder del narcotráfico, de la existencia de una guerrilla con la cual en este momento hay un pacto de paz. Incluso Hernández ha dicho que estaba de acuerdo con el acuerdo de paz con las FARC. ¿Hay posibilidades reales de gobernar sin un poder muy, muy grande detrás? Porque estamos en el 50/50, pongámosle.

-Antes que esta respuesta puntual me apoyo en la comparativa que haces con Chile, que es muy pertinente también por otro elemento que es el estallido social, tanto en Chile a finales de 2019 como aquí en Colombia, que ya había habido en esos años previos, paros cívicos, como le llaman aquí, y que se extienden en el tiempo. En 2021, se está cumpliendo un año por este tiempo, hubo un estallido social que desbordó toda previsión y que aun siendo reprimidos y aun siendo como son aquí violentas tanto las protestas, porque la represión también lo es, hubo un amplio apoyo social. Quedó clarísimo que la sociedad estaba reclamando que cambie, no solo un gobierno circunstancial, sino la dinámica social y política en el país. Así que esas expectativas dan un buen plafón para entonces meternos en lo segundo que preguntabas. ¿Es posible gobernar con un esquema alternativo, con un programa que desafíe alguno de los resortes tan arraigados del poder de la derecha en este país? Y esperemos que sí, se verá en el próximo tiempo. Primero tendría que ganar Petro y ponerse a prueba, pero lo que está pasando esta semana también es interesante y marca algún punto de comparación con estas nuevas derechas latinoamericanas, porque este hombre, Hernández, el que apareció como sorpresa y llegó al balotaje usando redes sociales y con un discurso de la antipolítica, en estas semanas ya empieza a ser observado con más rigurosidad.

Su cáscara de propaganda empieza a resquebrajarse y le aparecen casas de corrupción muy sólidas en su contra de cuando fue alcalde de Bucaramanga. A pesar de que su discurso es contra la politiquería y la corrupción, él parece ser parte de eso por lo que se está evidenciando estos días. Su discurso muestra muchas inconsistencias cuando se estudia un poquito lo que dijo en campaña y la verdad son consignas sin mayores visos de realidad y empieza a haber a sectores de la institucionalidad, como llaman aquí a esa burguesía o esos sectores ilustrados de la intelectualidad y la política, que nunca estuvieron con Petro, pero dicen “bueno, ante dos opciones de cambio hasta parece más previsible Petro para encarar alguna reforma que intentará moderarlas, intentará que sean acotadas en el marco de esta institucionalidad”, pero este otro hombre parece como un loquito un poco impredecible aún para sectores de las clases dominantes de este país. Así que el panorama en ese sentido, si bien fue sorpresiva la llegada de este hombre al balotaje y era más fácil para la fórmula de Petro y Márquez enfrentar al uribismo residual que quedó tercero y no llegó a la segunda vuelta, en este escenario empieza a aparecer como favorable esa previsibilidad que puede mostrar Petro como un tipo que también tuvo un gobierno local en la capital del país, nada menos. Tiene 30 años de trayectoria como político, actualmente como senador, y se muestra como un hombre mucho más formado en cuestiones estructurales aún cuando proponga hacer cambios de lo que otro candidato presenta. Así que esperemos que eso sea un punto a favor. Y si se ganara el 19 de junio, que se arme una estructura de gobierno sólida que le permita transitar una buena gestión.

LCV: Me gustaría rescatar y que nos cuentes un poco quién es la candidata a vicepresidenta de Petro, que creo que ha sido también un batacazo la presencia de ella en esta fórmula. Contanos quien es.

-Petro tiene como compañera de fórmula a Francia Márquez. Ella es una mujer de 40 años de la comunidad afro. Su organización se llama Proceso Comunidades Negras y ella asume la defensa de la negritud como identidad étnica y política. Fue madre soltera, fue lideresa desde la adolescencia, enfrentando el despojo en sus territorios. Su familia fue desplazada por la violencia, llegó a las periferias de Cali y logró hacer una carrera universitaria que le llevo muchos años por su situación de pobreza y de dificultades en la vida. Así que es una trayectoria muy emblemática que genera mucha identidad con los sectores populares que padecieron todos esos males que aquí el régimen es tan especial para provocar: racismo, clasismo, exclusión, desplazamientos, violencia. Ella es una figura que logró salir adelante, no por un discurso emprendedurista  o meritocrático, sino porque se organizó y fue parte de las luchas de su comunidad, la organización de su sector, y como figura pública logró un amplio reconocimiento, sobre todo en sectores populares. También hay expresiones de desprecio y de racismo de la derecha que enmarcaron mucho a veces su forma de expresarse, su consigna, su forma de hablar, que tiene que ver con una concepción étnica muy fuerte que ella sigue defendiendo.  Entonces la fuerza de Petro se vio reforzada por esta figura.

Sí, refresca, porque no es alguien que haya estado en política con anterioridad, sigue su liderazgo social y sí blinda de alguna manera el apoyo del movimiento social organizado, porque Petro, en su devenir de tantos años en la política, también se había ganado sus recelos, en particular, por ejemplo, con el movimiento feminista por haber apoyado a candidatos de su fuerza, cuestionado severamente o por violencia de género o por denuncias que los cuestionaban y Petro no había mostrado una buena sintonía con esas nuevas agendas del movimiento social. También es cierto que hace dos días se hizo un debate feminista donde las organizaciones de mujeres convocaron a los candidatos: Petro fue el único que fue y que participó. El otro señor Hernández ni se prestó a eso. Y Petro se mostró algo incómodo por las interpelaciones de la agenda feminista pero también muy modesto, que es algo habitual en él, un hombre al que se le critica su egolatría y sus ansias de figuración, pero reconoció las limitaciones propias, se apoyó en mujeres como Francia y como gente de su equipo de campaña que lo rodea y bueno, parece ser un mejor escenario, incluso para quienes tenían alguna desconfianza hacia su figura.

Por el otro lado sí puede haber parecido con Milei y con estas nuevas derechas latinoamericanas en la figura de Hernández. No tanto por el señor, que es un hombre de 77 años, con ya toda una vida hecha, y no es tal vez lo que la juventud y ese desparpajo más juvenil busca en estas nuevas derechas, pero sí hay un equipo de propaganda de campaña que lo posicionó donde pasa esto: un hombre de 77 años es tendencia en Tik Tok y a la juventud le parece divertida su forma de hablar chabacana, hasta un poco grosera y ahí hay algo que se empareja y que seguramente su equipo de campaña tuvo en cuenta de estas nuevas dinámicas. También un buen mensaje para poner en cuestión a estas nuevas derechas es que cuando se rasca un poco abajo de esa imagen y de esa fluidez en las redes sociales, el tipo muestra muchas inconsistencias y eso ya le está costando. La última encuesta de ayer del diario El Tiempo, que no es ni progresista ni izquierda, da a Petro por encima de su medición y a este hombre que no logra sostener el caudal de votos de lo que él sacó más lo que el uribismo le aporta, que era el principal temor. El segundo y el tercero sumados ya daban un 50%, pero eso no se está verificando. Esa matemática no se está verificando porque el hombre aparece estancado en la cifra del 40 y tantos y Petro sí logra pegar más allá de su primera cifra porque ya tenía un piso de 40. Entonces es una posibilidad que la segunda vuelta vuelva a ser favorable para esta fórmula progresista de izquierda en Colombia. Veremos en un par de semanas cómo queda eso.

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Una historia de zapateros, por Liselotte Leiser de Nesviginsky

Tengo 94 años, nací en Berlín, en una familia judía que era dueña de una importante cadena de zapaterías y llegué a la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial. Soy viuda luego de haber estado casada más de 50 años con un hombre extraordinario, buen compañero de vida y aventuras. Mi único hijo se llama Jorge, 58 años. Soy, también, una sobreviviente del nazismo. Claro que ese calificativo no alcanzaría para definirme como persona, pero creo que es una forma posible de empezar a presentarme. Voy a ir por partes.

La cadena de zapaterías de mi familia, “Leiser”, llevaba nuestro apellido y tenía más de treinta y cinco sucursales. Para el año 1933 aproximadamente estuvo de visita en uno de nuestros negocios Alberto Enrique Grimoldi, el conocido fabricante argentino de zapatos, hijo a su vez de quien fundó esa empresa en 1895.Alberto había venido para aprender en los negocios de mi familia todo lo relacionado con la atención al cliente, la venta de calzado al público, la comercialización delproducto.Recuerdo como si fuera hoy que Alberto se sentó en banquito de madera de esos que se usaban entonces para ver en detalle, en vivo y en directo como se dice ahora, el procedimiento que utilizaban los vendedores de la firma. Ninguno de nosotros podía imaginar la importancia que tendría ese hombre que de tal modo se cruzó con nuestras vidas para siempre. Pasaron los años y la oscura estrella de Hitler siguió ascendiendo en una Alemania que se volvía cada vez más peligrosa y temible.

En el año 33 la cadena Leiser, cuyas fotografías pueden verse hoy en el Centro Conmemorativo del Holocausto de Montreal, fue “arianizada” y, como consecuencia de ese despojo cruel y racista, mi familia fue obligada a “asociarse” en forma compulsiva con una persona no judía y así pasar el negocio a manos “arias”. En noviembre de 1938 se produjo la tristemente célebre noche de los cristales rotos, esa que quedó en la historia de Alemania con el nombre de Kristallnacht. A partir de ese episodio vinieron ataques permanentes y cada vez más duros contra los judíos con persecuciones de todo tipo. Sin ir más lejos, ya unos años antes, yo asistía a un liceo de señoritas hasta que a la edad de catorce años fui notificada por una profesora diciéndome, con una sonrisa entre cínica y fría, pero también como un alerta de lo que se venía, que debía buscar inmediatamente otro lugar ya que por ser judía no podría continuar estudiando en ese liceo.

Cuando la situación se volvió intolerable para todos nosotros, mis padres decidieron viajar conmigo desde Berlín a Holanda procurando buscar un lugar más seguro y tranquilo.

Recuerdo ese momento crítico y angustiante con el mayor detalle que mi débil memoria permite. Íbamos a embarcarnos, creo, en un avión de la línea Lufthansa. En la aduana los SS nos desnudaron por completo para comprobar que no lleváramos joyas escondidas en el cuerpo. Así era la vida entonces. En Amsterdam mi familia poseía también una cadena de zapaterías conocida como Huff, no tan grande como la de Alemania, pero igualmente importante y prestigiosa. En el nuevo destino no disfrutamos de la suerte esperada. En mayo de 1940 también ese país fue invadido y ocupado por los nazis. Ante el riesgo de perder también los negocios en Amsterdam se produjo la segunda y milagrosa intervención de Grimoldi, quien se hizo cargo de la cadena en Holanda mediante una operación comercial obviamente ficticia y con la promesa de devolver el patrimonio recibido no bien terminara la Guerra. Un verdadero pacto de caballeros. También aunque yo era muy joven para conocer el detalle sé que cuando mi familia aún estaba en Alemania le envió dinero a él con la sola promesa de palabra de que luego lo devolvería.

Y así fue. A veces me preguntan por qué mi familia confió tanto en Grimoldi. La respuesta es mucho más simple de lo que podría suponerse. Mis padres decidieron asumir el riesgo y, así, aferrarse a la promesa de ese hombre que, en un mundo que se les caía encima, les generaba confianza. A veces en la vida hay que dar un espacio a los valores permanentes de la condición humana.Lo que pasó después es algo muy triste de contar y evocar para mí. Un día, a las seis de la mañana yo estaba parada y como perdida en la puerta de nuestra casa en Amsterdam; en la noche anterior había salido a bailar con unos amigos en un bar de las cercanías cuando llegaron los de la Gestapo. Debo advertir que un poco antes de eso, en un último y desesperado intento de prevención y anticipo de la tragedia inminente, mi familia obtuvo a cambio de una fuerte suma de dinero pasaportes costarricenses.

Fueron otorgados por el conde Rautenberg, cónsul por entonces de ese país centroamericano. Me animo a decir que la posesión de esos documentos que nos brindaron la ciudadanía de un país que jamás conocimos nos salvó la vida. Y no exagero. De no contar con ellos nuestro destino seguro eran las cámaras de gas de Auschwitz.

Pero aún con esa ventaja adicional nos llevaron primero a un colegio grandote donde dormíamos en el piso en condiciones muy precarias y finalmente terminamos alojados en el campo de concentración de Westerbork, un lugar de tránsito en realidad. Fue el mismo donde estuvo Ana Frank, la autora del famoso diario íntimo, antes de ser trasladada a Auschwitz para matarla como ya lo habían hecho los nazis con una tía mía, su esposo y su pequeña hija. En Westerbork dormíamos en barracas ruinosas y fuimos tratados como animales o menos que eso. De un lado pusieron a los hombres y del otro a las mujeres. Hacíamos nuestras necesidades en letrinas asquerosas, simples agujeros cavados en el piso, y nos limpiábamos con papel de diario cuando había. Las camas, de dos o tres pisos de alto, eran de hierro y con colchones de paja. Por las mañanas nos lavábamos como podíamos en los mismos bebederos que se usaban para el ganado. Tengo de esa época un recuerdo insignificante pero, quién sabe por qué, muy importante para mí. Secretamente me hice una almohadita rellena con crines de caballo que llevé y usé en todos los lugares por donde anduve en la vida. Aún hoy la conservo.Dentro de todo, y en comparación con los demás, tuve suerte porque una prima mía ya estaba en el campo y se había hecho amiga de uno de los médicos que trabajaban ahí. Si no me equivoco se trataba del doctor Spanier, también judío y obligado a trabajar como todos en el hospital del lugar. Yo, usando un brazalete que todavía conservo al igual que la estrella amarilla que nos obligaban a llevar en todo momento, trabajé en el hospital como cocinera. Para alimentar a mis padres y a otras personas juntaba a escondidas viejas cáscaras de papas, zanahorias o batatas y con eso, más algunos huesos que encontraba por ahí, preparaba una especie de sopa horrible que sin embargo sirvió de alimento para muchos.

Lo que sigue a esta historia tiene que ver con la ansiada liberación. Llegó al lugar una autoridad de la cancillería alemana y constató la autenticidad de nuestros pasaportes costarricenses. Hacia 1944 nos trasladaron entonces a un campo de refugiados en Francia llamado la Bourboule. Una semana después se produjo el desembarco en Normandía y, qué emoción me da contarlo ahora, nos abrazamos todos llorando y corrimos hacia los alambrados de púas, los cortamos casi con los dientes y gritamos la palabra libertad, libertad, libertad, una, dos, cien veces. Una nueva vida empezaba para mí en ese instante.

Y lo vivido entonces fue> inolvidable para mí, para mis padres y para las demás víctimas judías o de otro origen que habían conseguido sobrevivir a una vida espantosa en el mejor de los casos . o a una muerte segura. Dado que conocíamos a gente amiga y familiares en Uruguay nos embarcamos hacia ese país, más precisamente a Montevideo, donde, en el barrio de Pocitos, permanecimos alojados durante aproximadamente nueve meses en una pensión. Queríamos ingresar a la Argentina pero eso no parecía posible por razones políticas: sabemos que la Argentina puso trabas para la inmigración de los judíos durante esa época.

Es entonces cuando se produce la tercera y nuevamente milagrosa aparición de Alberto Enrique Grimoldi, a quien por supuesto no olvidábamos. Él tenía contactos a diferentes niveles gubernamentales de Argentina y actuó como garante personal para permitir nuestra llegada a este país. Parece que le dijo al gobierno, presidido entonces por Perón, que nuestro conocimiento era fundamental para potenciar sus planes en la empresa. Acto seguido Grimoldi devolvió a mi familia el dinero y todo el patrimonio de los negocios de Holanda que habían quedado a su nombre, un gesto que mi familia conoce muy bien y que rescato en mi memoria como un tesoro inapreciable y eterno. Es curioso lo que pasó después o… lo que no pasó.

Junto a mi marido me dediqué a la actividad turística, llegamos a organizar el primer contingente de viajeros argentinos a la Antártida, la vida siguió su curso. Pero lo cierto es que finalmente perdí todo contacto con los Grimoldi. Alcancé a saber que el hombre que nos había ayudado tanto en momentos de grave riesgo para mi familia había muerto si no me equivoco en 1953. Todo lo vivido pareció entonces perderse para siempre en el olvido.

Encuentro de Liselotte Leiser y Alberto Grimoldi en un histórico encuentro

Un día, no sé por qué, me puse en campaña junto a Virginia, una gran amiga y asistente, para ubicar a los Grimoldi. Fue como querer retomar en parte el hilo que se había roto. Ayudó en tal sentido un artículo aparecido en un diario donde se mencionaba a esa familia y su historia con algún detalle. Virginia, bastante más moderna que yo en el manejo de Internet y esas cosas, se ingenió para dar con Grimoldi hijo, el actual presidente gerente de la empresa. Le enviamos juntas un mensaje electrónico y así se retomó el vínculo. Fui invitada a una reunión convocada en la fábrica con toda la familia para que yo contara el comportamiento que tuvo Alberto con nosotros. Eso fue muy emocionante para todos. Lo que dije en ese encuentro lo repito ahora. Ojalá todos los hombres actuaran como lo hizo Grimoldi. Su hijo, Alberto Luis, es el actual presidente y gerente de la empresa y más allá de eso es, debo decirlo con todas las letras, un amigo permanente de la familia que nunca se olvida de nosotros. Tengo 94 años y pese a todo lo pasado y sufrido estoy feliz de estar aún en el mundo.

  • Liselotte, conocida como Lilo, murió en diciembre de 2013. Tres años antes logró reencontrar a la familia Grimoldi que la había salvado del nazismo. Su historia fue publicada en el diario Clarín en el año de su muerte.

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Ex trabajadores de Cresta Roja cortaron la autopista Ezeiza-Cañuelas reclamando reunión con funcionarios

Ex trabajadores de la empresa Cresta Roja cortaron este jueves por la mañana la autopista Ezeiza – Cañuelas a la altura de la localidad bonaerense de Esteban Echeverría en reclamo de que funcionarios den una respuesta a un conflicto que lleva años y salven miles de puestos de trabajo.

“Nuestro pedido es que nos reciban los funcionarios de la Nación y de la Provincia para que escuchen nuestro reclamo. La propuesta que tenemos para que Cresta Roja vuelva operar al 100 x 100”, explicó Darío Sánchez, uno de los trabajadores damnificados.

Cresta Roja se había convertido en símbolo de las políticas de Mauricio Macri, luego de que el ex mandatario anunciara en la planta de El Jagüel el veto a la ley antidespidos, cuando más de 2000 trabajadores de la firma se encontraban luchando por su reincorporación.

Luego de pasar por la gestión de diversos grupos empresarios, Granja Tres Arroyos se quedó con la firma a principios de 2018. Cientos de trabajadores fueron despedidos y reprimidos en protestas por la Bonaerense de la por entonces gobernadora María Eugenia Vidal.

Casi cuatro años después de los despidos, la formación de una cooperativa parecía ser el final feliz de un conflicto que había amenazado el ingreso de miles de familias. Hace aproximadamente dos años, Eduardo Murúa, director del por entonces flamante Registro Nacional de Empresas Recuperadas, se había reunido con los ex trabajadores de Cresta Roja para avanzar en “una mesa de trabajo para encontrar la solución a un conflicto que lleva ya tantos años”.

Hoy, los trabajadores siguen reclamando que la mesa de solución se concrete para dar fin al conflicto y puedan producir normalmente. En febrero de 2022, los despedidos contaron con un importante aval judicial: la fiscal ante la Cámara en lo Comercial Gabriela Boquín dictaminó a favor de los trabajadores de la cooperativa y pidió a la Cámara de Apelaciones que declare la nulidad de la venta de la empresa avícola realizada durante el macrismo. A su vez, libró oficios para que los exfuncionarios macristas que participaron en las negociaciones sean investigados por su presunto aprovechamiento de la situación en la que se encontraba la empresa a principios de 2016.

Según la denuncia respaldad por la fiscal, la venta entre tres Arroyos y Proteinsa se hizo a pesar de que una serie de condiciones y circunstancias nunca se cumplieron. Entre ellos, estuvo el compromiso de pagar el 100 por ciento de los salarios e indemnizaciones adeudadas y la garantía de que quienes estaban trabajando -en aquel momento, ya ocurridos despidos iniciales- no serían desvinculados. 

 “Se aplica una excesiva rigurosidad para imponer reglas concursales a la cooperativa de trabajo que denuncia el fraude, pero se conceden excepciones a quien es la mayor responsable de que (los trabajadores) no hayan cobrado íntegramente sus créditos”, advirtió la fiscal. Además, señaló que existen “indicios graves, serios y contundentes que indicarían la existencia de un fraude”, por lo que solicitó que esa venta de Cresta Roja sea declarada nula.

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Muere un obrero en Vaca Muerta | Petroleros realizan paro de 24 horas

Víctor Vázquez, petrolero de Vaca Muerta, murió este 22 de junio a sus 32 años mientras realizaba una maniobra sin inspectores presentes en un nuevo pozo de YPF en Barda del Medio, al norte de Río Negro. Según informaron, la muerte se dio tras el golpe de una válvula o una llave, en tanto que su compañero Hugo Rodríguez sigue en observación por inhalar gases y presenciar la muerte de su compañero. Ya son 11 los trabajadores de Vaca Muerto fallecidos en los últimos cuatro años.

Debido a esto, el Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro y Neuquén convocó a una huelga de 24 horas para reclamar por una muerte que podría haber sido evitada si la maniobra se realizaba durante el día y bajo la mirada de inspectores, según explicaron desde el gremio.

Marcelo Rucci, secretario general del sindicato, indicó que “hay una familia destrozada” y manifestó que desde su sector están denunciando hechos de inseguridad en Río Negro y Neuquén hace un largo rato. “En Río Negro la única respuesta que hemos tenido es la intervención de la justicia tratando de que nosotros no avancemos con el tema de la seguridad”, afirmó Rucci.

Mariano Aiassa, dueño de la contratista Rakiduamn que se encarga de la operación, aseguró que todos los materiales estaban certificados y montados de acuerdo a la ingeniería, y que la válvula que provocó la muerte de Vázquez había sido reemplazada tiempo atrás por mantenimiento.

Rucci puntualizó que el sindicato realizó una presentación en el Ministerio de Trabajo de la Nación para que se ponga en marcha una Comisión de Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo bilateral, pero nunca fueron convocados. De hecho, la respuesta ante cada intento de inspeccionar las distintas empresas es inversa: los dirigentes y delegados terminan siendo denunciados por los abogados de las compañías.

En relación a esto, el sindicato denunció que “dirigentes petroleros están siendo perseguidos por el Poder Judicial de la provincia de Río Negro producto de las inspecciones de seguridad e higiene que el sindicato ha realizado sistemáticamente en las empresas que no cumplen con la normativa provincial y nacional”.

11 MUERTOS EN CUATRO AÑOS

La muerte de Vázquez se suma a una larga lista de trabajadores fallecidos en Vaca Muerta en tan solo cuatro años. En 2019, Cristian Baeza y Maximiliano Zappia murieron mientras trabajaban en Fortín de Piedra. Baeza cayó en un tanque rudimentario “sin protecciones, señalizaciones ni elementos que evitaran ese mortal accidente”, denunció en su momento la familia, en tanto que Zappia murió intentando rescatar a su compañero.

César Poo falleció el 4 de febrero de 2018, en Agua Salada, a pocos kilómetros de Catriel (donde Rucci asegura que los delegados están siendo perseguidos por denunciar irregularidades), cuando realizaba tareas en un equipo de perforación. El operario era parte del equipo de la empresa contratista Ensign, que brindaba servicios para la firma Tecpetrol.

Julio César Sánchez murió el 22 de mayo del 2018 aplastado por una piedra cuando llevaba a cabo trabajos para el área El Mangrullo, como operario de la firma UGA, tercerizada por Pampa Energía. 

En julio de 2018 perdió la vida Daniel Torres, luego de permanecer internado con severas quemaduras; realizaba trabajos para la firma Omega, en Añelo. Y en agosto murió Miguel Ángel Chocala Fernández, empleado de la empresa Nabors (Yacimiento de El Chañar).

Mauricio Segura ingresó a trabajar por primera vez en el sector petrolero en agosto de 2018. Tres meses después murió.

A esta lista de muertes obreras se suman los nombres de Ariel Marcelino Sajama y Ariel García, así como un ingeniero de Schlumberger cuyo nombre no trascendió. De esta manera, son 11 los obreros que en los últimos cuatro años murieron mientras realizaban su trabajo. Una característica que unía a la gran mayoría, además, es que muchos contaban con una amplia experiencia en sus tareas. A pesar de las constantes denuncias, la negligencia se sigue cobrando vidas. Desde La Columna Vertebral, pedimos, por favor: #BastaDeMuertesObreras

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