La V Columna | No fue magia

“Tristan Harris ha pasado más de una década estudiando las influencias que secuestran el pensamiento y la acción humana. Desde su infancia como mago hasta su trabajo en el Laboratorio de Tecnología Persuasiva de Stanford, Tristan se preocupó por la necesidad de una tecnología ética y humana».


Así se presenta en su página oficial uno de los mejores testimonios del documental ‘El dilema de las redes sociales’. Recopilación de entrevistas a varios ‘arrepentidos’ por haber formado parte del gran fraude informático. Entre otros, podemos escuchar a: Aza Raskin, cofundador de Asana; Justin Rosenstein, quien junto a un compañero se le ocurrió inventar el ‘me gusta’ -arma letal para conocer a los usuarios- y después se fue, junto a otros entusiastas iniciales de la red de redes que huyeron frente al monstruo que crearon.

Todo empezó como un juego. Un desafío. Y vaya si lo lograron.

Tristán ensaya una explicación sobre cómo llegó a ser especialista en algo tan macabro en su propia enunciación -Tecnología persuasiva- apelando a su pasado de mago. Un especialista en hacer ver lo que no es. Según la definición:

“El ilusionista tiene que tener también dotes de psicólogo para descubrir la mejor manera de engañar al público desviando su atención mediante sus gestos y palabras, haciendo que miren donde él desea, identificando al líder del grupo o provocando que recuerden algunas informaciones relevantes.”

Estamos, pues, frente al arte de la manipulación ejercida desde Facebook. Escuchar a los técnicos arrepentidos en el documental “el dilema de las redes sociales” produce escalofríos.

Claro está que la manipulación no la inventaron Zuckerberg ni Bill Gates ni ningún nerd que se precie como genio de la informática. Es la política, estúpido. Podría decir alguien por ahí.

De hecho, en el 2018 el joven Zuckerberg debió presentarse a una audiencia pública ante el Senado de Estados Unidos por el uso indebido de datos de 87 millones de usuarios de Facebook por parte de Cambdrige Analytica durante la campaña de las presidenciales de 2016 gracias a los cuales ganí Donald Trump. “Fue un gran error. Fue mi error, y lo siento». Y juró no hacerlo nunca más, como cuando reprenden a un niño por una mala acción. Entre tanto, Trump sigue siendo el presidente de la nación del norte y denuncia que posiblemente haya fraude y no sabe si entregará el poder en caso de perder las elecciones.

Pero volvamos a lo nuestro. La magia, el ilusionismo, la manipulación y la política poseen una seducción sin igual tanto para los que la ejercitan como para los espectadores que observan admirados lo que creen que ocurre, pero no.

En fin, les recomiendo ver el documental sobre el dilema de las redes sociales. Tiene altibajos pero la información que brinda es increíble. Eso sí, después no caigan en la depresión. La única forma para enfrentar a la manipulación (sea tecnológica, política, psicológica o afectiva) es reforzar nuestro espíritu crítico y nuestra confianza. No aceptar mansamente cualquier verdad por reveladora que parezca.

Tristan Harris ahora creó una fundación para defender a los usuarios de las redes y crear conciencia ética. Tampoco tengo porqué creerle ¿no?

Vean el documental y después me cuentan.

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