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La V Columna | Sofismos peronistas

Hay cosas que no entiendo en este conventillo ¿Será que todos gritan? Formo parte de esa inmensa minoría que no responde a partido alguno. El voto cautivo va en retroceso; estamos también los del voto volátil. Y no es que somos antipolíticos, no. Al menos yo, desde los 13 años que no hago más que pensar en política. Claro que por entonces la ‘política’ era otra cosa y no se jugaba en el palacio. Y los debates tenían otra entidad. Discutíamos el futuro, y seguramente llegábamos a conclusiones erradas, pero pensábamos y actuábamos con la mayor seriedad y compromiso posible. 

Hoy la palabra es vacua y la lógica no existe. La discusión política está plagada de sofismos, falsas verdades que se convierten en mentiras verdaderas. Vayan algunos ejemplos.

Primera falacia:

“Nosotros lo pusimos a Alberto, él tiene que hacer lo que queremos”. 

¿Hay un razonamiento más estúpido que ése? Sobre todo viniendo del kirchnerismo, que apareció en la política argentina porque Duhalde lo puso a un tal Kirchner. Nadie lo conocía, sus antecedentes en Santa Cruz eran dudosos, y asumió el gobierno con un caudal electoral ínfimo. 

Imagino que Duhalde pensaba que alguna influencia podía tener en ese gobierno. De hecho, le cedió a casi todos sus funcionarios, y andaba tranquilo imaginando que más de medio gabinete le respondía. 

Pero resulta que Kirchner vio la posibilidad de conducir el país. Era el presidente y tenía algunos sueños frustrados. Se puso los pantalones y se convirtió en uno de los grandes conductores del peronismo. Logró que su apellido fuera una era peronista: kirchnerismo

Yo lo elegí, yo tengo los votos, vos sos un okupa de la casa rosada como dijo nuestro cuadro Fernanda Vallejos. 

Por ahora, no existe el Albertismo, y no tengo idea de lo que sería -así como nadie podía imaginar qué iba a hacer Néstor Kirchner-. Desde el otro costado creen que podría existir si Alberto diera una vuelta de timón y se pusiera los pantalones, y mandara a Cristina al diablo como su marido lo hizo con Duhald … Paréntesis. 

(Ponerse los pantalones. Expresión machirula, si las hay. Sin embargo, no hay ‘perspectiva de género’ cuando de poder se trata. Ni cuenta se dan de que lo que se le critica es, justamente, su tibieza. Ellos que escuchan la ‘voz del pueblo’, saben que lo que les gusta es ‘palo y a la bolsa’ , una onda ‘pegame y llamame Marta’. Raro que una palabra tan bonita como ‘tibieza’ sea la mayor crítica a un gobernante. A mí, tibieza me suena a abrazo, cobijo, ternura. Y no es lo que siento cuando escucho a Alberto Fernández. Si quiero apapacharme, les juro que no busco ni a Alberto ni a Cristina, dos animales políticos, en el sentido que se le dio a la dedicación a la política en los últimos tiempos. Cierro paréntesis)

Segunda falacia:

‘No cumplió con las promesas’. ¡Que le corten la cabeza, dice la reina! Y repiten el coro. ¡Pah! Eso sí que es inaudito, nunca se vio a un presidente que no cumpliera con sus promesas electorales.  Confieso que no me acuerdo qué prometió, tampoco sé si lo hizo de manera hartera o cuando asumió se dio cuenta que no podía hacer lo que dijo (beneficio de la duda que la cabe a cualquier presidente, en este caso, además, le tocó bailar con una pandemia). Si creyeron las cosas que se dicen en campaña, problema de ustedes. Nosotros, los de la inmensa minoría, no les creemos.

Pero parece que hay mucho indignado porque creyeron que Alberto Fernández iba a acabar con la injusticia, romper la ‘omertá’ de los políticos, ponerle fin a la prepotencia monopólica, terminar con el infierno de la expoliación que son las minas o la soja transgénica, expropiar para darle vivienda y trabajo a los que nada tienen, ¿no pagarle al FMI? Paréntesis. 

(¿se supone que el mérito del kirchnerismo es que pagó todito?)  

¿Por qué habría de hacer el Dr. Fernández, ponderado por el electorado por su moderación, algo que los combativos Néstor ni Cristina tampoco hicieron? 

Tercera falacia: 

“Tienen que poner la renuncia a disposición todos los ministros, ellos son responsables”

Una sobreactuación no inocente. El Presidente puede poner y sacar ministros cuando se le antoje, no hace falta ‘poner a disposición’ la renuncia. De hecho, todos los ministros de Kicillof pusieron a disposición su renuncia y ninguna fue aceptada ni hubo crisis de gobiernos. A pesar de que uno de los peores funcionarios del gobierno bonaerense es uno de los fundadores de La Cámpora: El Cuervo Larroque. En la lucha por tierra y vivienda, hubo un episodio ejemplar: la toma de terrenos en Guernica. Nunca vi una actuación más desacertada que la del ministro de desarrollo de la provincia, el Cuervo Larroque, camporista de raza, ex alumno del Nacional Buenos Aires, que si pisa el barro se resbala. Eso por no hablar de Juan Cabandié en Medio Ambiente, quien está aprendiendo lo básico en los resúmenes Lerú (y es lento para leer).

Podría continuar: son tantas las frases hechas mentirosas y épicas. “Es un traidor” es otra de ellas, y vemos cómo los traidores van y vienen. Si no, mirá a Manzur. Pero esto se está haciendo demasiado largo. 

En fin, no me gusta el capitalismo, razón por la cual no me gustan ni Alberto ni Cristina. Aún así reconozco que antes que a Macri, prefiero un capitalismo peronista. -a veces, obvio, no olvidemos que el peronismo también fue Isabel y las tres A, Luder y la runfla que aplaudía una anmistía a los militares, Menem y la entrega del país a los capitales extranjeros-, aunque el pueblo peronista sea otra cosa, y uno pueda sentirse emocionado e identificado con esos peronistas de verdad verdadera . 

Espero que el gobierno recupere la cordura. Si el presidente es tibio, no me importa, quizás quiere decir tolerante, nomás. Ahora, dejemos atrás este berrinche post electoral como una anécdota y vuelvan a gobernar. 

Por esa inmensa minoría que nunca sabe qué diablos meter en la urna a la hora de votar, ya no existe el voto cautivo: hagan mejor las cosas, no griten, sean bien educados. A esta altura el votante pide poco. Sabe que todos un poquitito lo van a garcar. Reestablezcan la nobleza de la política y permitan que los cualquieras, a quienes no les importa mucho las declamaciones políticas, los voten. 

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La V Columna | Reality show de la política

Los programas políticos se han convertido en los nuevos reality shows en los hay que imaginar quién es el Gran Hermano. Los comentaristas políticos se disfrazaron de panelistas. Hacen las mismas morisquetas cuando saludan, y opinan sobre la actualidad. Ponen énfasis en cuestiones bastante banales: “el mismo día que tal estaba haciendo esto, el otro aparecía en otro lado”. “¿Pero te fijaste quién estaba sentado al lado?” “Ah, ¿y el audio que se filtró de ésta tarada, maleducada?” “Ni me hables, ¿pero qué opinás del ‘operativo embarazo’”. No hay zapping que ayude

TN se indigna porque Manzur es de derecha. ¡Y lo eligió Cristina! Dicen. Es una perra que con tal de ganar nos pone a un tipo de derecha. Se les puede ver un hilo de baba rabiosa. No festejan que haya uno de derecha como ellos, no, es un ardid de la bruja para engañar a los argentinos. Glup.

En La Nación, en tanto, están al borde del desmayo: hay un 40% de pibes pobres, desnutridos, algo que les afecta al desarrollo, irreparable. Lo dicen casi entre lágrimas, con una sorpresa sobreactuada. Nunca antes La Nación había tenido tanta sensibilidad social.

Los programas de entretenimientos son un oasis. La revelación fue Barassi, un tipo que resume la insolencia de Bergara Leumann y Jorge Guinzburg. El gordo Barassi termina dando el mensaje político inclusivo más potente de la tele, a pesar de ser acusado de discriminador (la corrección política es para los no marginados: los gays se dicen a sí mismo ‘puto’ o ‘maricona’, los gordos pueden decirle a otro ‘pará gordo’ y es empatía, no discriminación…)

Y no me quiero olvidar de la Hora Exacta…Con el formato de entretenimiento, tipo Los ocho escalones, tiene un equipo de investigación periodística que es formidable. Cada pregunta te enseña algo.

Volvemos a La Nación: “estamos hablando de la conducta del consumidor, es decir, de la conducta del votante…”, dice un atildado conductor, joven, psicoanalista él. Consumidores del mundo, uníos.

Jate joder. Zapping

En el programa de nosecuanto Llorente le dedican 2’ para reproducir lo que dijeron contra la vacuna infantil en el programa de LN, de Paolo Rossi. Quéseyo. Uno lo escucha al tipo. Cuando no sabés nada, todo te plantea dudas. Vuelve a piso. Don Llorente se rié, dice que es un boludo el que hablaba en LN, sin dar mayores explicaciones. Si es algo inconsistente, ¿para qué le diste 2’ antes? Y si se los das, por lo menos unos 3’ de respuesta racional ¿no? Un rato después, un gato, que no es Macri, entrevista a un ruralista que putea de arriba abajo a Alberto.

Preguntas: ¿C5N se pasó a la oposición? ¿C5N es de Cristina? ¿Cristina está en la oposición? ¿Poner a Manzur por carta fue un sabotaje?

De chica aprendí que hay que ‘leer entre líneas’. Me lo enseñaron mis padres, y aprovecho para agradecer a todos aquellos que recordaron que este primero de octubre murió Pablo Giussani, hace ya 30 años. Un tipo inteligente y humilde. Un buen tipo del que aprendí mucho. Gracias papá, aquí seguimos tratando de honrar el periodismo.

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