Lectura recomendada | Texto inédito de Pocho Lepratti: “El que se encierra en el yo no halla jamás el camino hacia los otros”

Recuperamos aquí un texto de Claudio Hugo Lepratti, el profesor de Filosofía y militante social asesinado en 2001 por la policía santafesina bajo el mando del entonces gobernador Carlos Reutemann (PJ). El Pocho, como se lo conoce desde entonces, se recibió en Rosario, y como parte de sus materias finales, produjo un ensayo filosófico que, hasta ahora, permanecía inédito. El legendario militante realizó sus estudios en el Instituto San Juan Bosco de Rosario, donde obtuvo su diploma de “Profesor de Filosofía y Ciencias de la Educación (con orientación en Pastoral Juvenil)”.

En el marco de esos estudios, Lepratti presentó un trabajo de investigación en filosofía (un “seminario”) al que tituló “La realización del hombre en la comunicación”. Fiel a sus creencias profundas, Pocho utilizó las perspectivas teóricas de destacados referentes de la filosofía contemporánea para realizar interesantes consideraciones respecto de la relevancia de la comunicación para la humanidad, pero no en términos abstractos, sino a partir de un ser humano situado, del hombre trabajador concreto y existente en la villa de Ludueña –precisamente el barrio donde realizaba su impresionante labor solidaria–, un hombre que sufre el desarraigo y la pérdida de sus referencias vitales anteriores: “Un habitante de la Villa, originariamente chaqueño o correntino, campesino hasta hace una década o dos, hoy obrero: albañil, panadero o metalúrgico”. El trabajo comienza con una breve Introducción, en la que se sitúa a partir de la angustia y las incertezas de ese ser humano de carne y hueso, no un sujeto teórico, sino un laburante de verdad, con el que convive en las calles de Ludueña.

Luego, en tres partes, Lepratti desarrolla su aproximación al respecto. De la mano de Albert Camus, el análisis de Pocho pone énfasis en “el sufrimiento profundo de todos los prisioneros y todos los desterrados, que es vivir con una memoria que no sirve para nada”. A partir de ubicar ese particular “objeto de estudio” filosófico en un ser humano de carne y hueso, despojado de lo que fueron sus marcos de referencia en el pasado inmediato, Lepratti reflexiona que un fenómeno permanece inexplicable ante “la imposibilidad de comprender las complejidades de las relaciones que existen entre un hecho y el contexto en el que tiene lugar, entre un organismo y su medio”. Por lo cual aventura un análisis basado en el evolucionismo cristiano de Teilhard de Chardin, para concluir en que “quien se apoya en las fatalidades de la naturaleza para negar las posibilidades del hombre, se abandona en un mito o intenta justificar una dimisión”.

En el desarrollo de su trabajo, Lepratti recurre también a Emmanuel Mounier y a Gabriel Marcel. Y sostiene que “la persona sólo se libera liberando. Y está llamado a liberar a las cosas como a la humanidad”. No teme incorporar ideas de Marx, por ejemplo al asegurar que cuando el marxismo piensa que la misión del hombre consiste “en elevar la dignidad de las cosas humanizando la naturaleza, está próximo al cristianismo, que da a la humanidad vocación de redimir por el trabajo, redimiéndose, a una naturaleza que el hombre arrastró en su caída”. Un enfoque que cruza, sin plena conciencia todavía, una incipiente mirada ambiental con base humanista.

Más adelante, y cuestionando el individualismo burgués, Pocho cita a Martin Buber, el filósofo judío que afirma que la persona humana “se torna un Yo a través del Tú”. Las otras personas no la limitan, sino que la hacen ser y desarrollarse: “No existe sino hacia los otros, no se reconoce sino por los otros, no se encuentra sino en los otros”. Y por eso es, por naturaleza, “comunicable, e inclusive es la única que puede serlo. Es necesario partir de este hecho: quien se encierra en el yo no halla jamás el camino hacia los otros”, dice Lepratti citando al poco recordado filósofo francés Emanuel Mounier.

Desde esa perspectiva, el texto de Pocho aborda lo político, lo comunitario: “Yo trato al prójimo como a un objeto cuando lo trato como a un ausente, como a un repertorio de informaciones para mi uso, o como un instrumento a mi disposición, cuando lo catalogo sin apelación, lo cual significa desesperar de él”. Alude así, aunque sin mencionarla, a una de las formulaciones más preciosas del imperativo kantiano: la prohibición de considerar a la persona humana un medio para mis fines.

Reivindica además del propio Mounier un poderoso replanteo del “cogito” («pienso») cartesiano. Uno diferente, basado en la alteridad y muy distinto al individualista que había propuesto por Descartes (cogito ergo sum: “pienso, luego soy”). El “cogito” de Mounier (y del Pocho) se basa en el amor. El amor pleno es creador de distinciones, de reconocimiento y de voluntad del otro en tanto que otro. Por eso, el acto de amor es la certidumbre más fuerte del ser humano; este nuevo cogito «da existencia irrefutable: amo, luego el ser es y la vida vale la pena de ser vivida”. Tratar al otro como a un sujeto, es decir como a un ser presente –afirma– es reconocer que no puedo definirlo ni clasificarlo, es es concederle crédito, es “esperarlo”, “esperanzarlo”. Y por eso “desesperar de alguien es desesperarlo”.

Leé la nota entera acá: http://www.elmiercolesdigital.com.ar/el-pensamiento-filosofico-de-pocho-lepratti-en-un-texto-inedito/

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