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Historias de trabajadores

Hasta la victoria siempre, Tambero querido, por Álvaro Hilario

En la madrugada de hoy, 23 de febrero, murió en el Hospital de Clínicas de Montevideo el reconocido líder tupamaro Jorge ‘Tambero’ Zabalza. La Columna Vertebral lo despide con este recuerdo sentido de nuestro colaborador Álvaro Hilario.

Situado al oeste de Montevideo, más allá del Cerro, Santa Catalina es un barrio que nace a principios de los ochenta, en las postrimerías de la dictadura cívico-militar uruguaya, fruto del movimiento de okupacion de tierras.

El colectivo que lo une con la Ciudad Vieja termina en una pequeña plaza que reúne unos pocos comercios. Una vez lo encontré allá, hará unos quince años, no más tuve que ir preguntando al vecindario para encontrar la casa de Jorge Zabalza (Minas, 1943 – Montevideo, 2022). No había quien no conociera y quisiera al Tambero, animador de la toma y residente en el barrio desde que abandonara la prisión y su condición de rehén de estado en 1985.

No hacía mucho de la publicación de “Cero a la izquierda” (Ediciones Letra Ñ, 2007), la biografía de Zabalza que escribiera Federico Leicht, tan polémica e incómoda para la casta política uruguaya por recordar -que no revelar- las relaciones entre ETA y Tupamaros, entre otras cuestiones

“Es cierto que muchas veces no entendimos el accionar militar de ETA. Discrepábamos abiertamente con algunas formas de su empleo de la violencia revolucionaria. Nosotros cuidamos las reglas de una manera diferente, relacionada con el entendimiento del pueblo”, dijo el Tambero en aquel primer encuentro. “Entendimos que, aun habiendo salido de la cárcel y encontrándonos moviéndonos en la legalidad burguesa no podíamos perder el principio básico de la solidaridad con los movimientos revolucionarios. En ese marco fuimos solidarios con ETA, así como la ETA fue solidaria con nosotros cuando nuestra radio, CX 44 Radio Panamericana, tuvo problemas económicos”.

Quería que su opinión se supiera en Europa, en el País Vasco, aunque acá, como allá, sus antiguos compañeros de lucha también habían realizado la “transformación”: “cuando se ve el parlamento como el lugar donde hacer política, en vez de la calle o la fábrica, empieza el fin”. También habían trucado insurgencia por socialdemocracia y nada querían saber del pasado.

Hijo del senador conservador Pedro Zabalza, Jorge, imbuído de los aires guevaristas del momento, sigue los pasos de su hermano Ricardo y, desde 1965, participa en el Movimiento de Liberación Nacional- Tupamaros (MLN-T).

El 8 de octubre de 1969, estando Jorge en la prisión de Punta Carretas (Montevideo), la policía detiene y ejecuta a Ricardo, que había participado en la toma de la ciudad de Pando. La muerte de su hermano es un hecho que el Tambero siempre recordará. Un año después, 111 tupamaros –entre los que están Raúl Sendic y Jorge Zabalza- protagonizan la más exitosa fuga de la historia. No sería la última: en 1972, siguiendo un plan coordinado por Zabalza, serán 15 los militantes que escapen del mismo lugar. Sin embargo en los siguientes meses de oleada represiva, 2.800 militantes del MLN-T serían encarcelados.

Zabalza cae en junio de 1972 y Sendic en septiembre del mismo año. Una vez en el poder, en 1973, los militares declaran rehenes de guerra a la totalidad de la dirigencia tupamara: comienzan 11 años de traslados de cuartel en cuartel, donde, agrupados en tríos, serán encerrados en aljibes de agua y jaulas de no más de dos metros cuadrados.

En 1985, terminada la dictadura, vuelve el MLN-T a los quehaceres revolucionarios. Jorge Zabalza resulta director de “Mate Amargo”, el semanario tupamaro. En las municipales de 1994, es elegido concejal por la Junta de Distrito de Montevideo. Es recordada su oposición a las privatizaciones impulsadas por el propio Frente Amplio (FA). Ese mismo año, son los sucesos del Hospital Filtro: el 24 de agosto, una multitud, convocada por el MLN-T, se concentra a las puertas del hospital donde tres ciudadanos vascos se encuentran en huelga de hambre para impedir su extradición a España. En la represión posterior morirán dos jóvenes.

Insurgencia o socialdemocracia. Calle o parlamento. Jorge recordaba así aquellos momentos: “Ahora bien, después de 1994, cuando empiezan las políticas privatizadoras de la Intendencia, algunos empezamos a quedarnos solos, también dentro del MLN. Inicialmente, todos nos opusimos a las privatizaciones (casinos, hoteles, transporte público, etcétera) y tercerizaciones de los servicios públicos (que conllevaban pérdidas de derechos para los trabajadores). Después de aquellas discusiones, tenemos al intendente Erlich y a su equipo, todos tupamaros, privatizando. El caso paradigmático fue el del Casino Carrasco. Ahí están, participando en un gobierno que ha regalado la empresa aérea estatal, que se prepara para regalar los ferrocarriles del estado, un gobierno que consiente la presencia de capitales multinacionales, como los de la industria de la forestación y la celulosa, que mantiene relaciones muy estrechas con el FMI, un gobierno que no solo extiende las plantaciones de eucaliptos, sino que ha convertido Uruguay en el paraíso de los transgénicos”.

Zabalza abandona el Movimiento. Diferencias políticas insalvables para el Tambero que nunca dejó de creer en la gente, de creer en la Revolución, en el articular, el escuchar, el participar. No se veía en el juego de la democracia liberal burguesa: “Si quieres tener fuerza electoral debes volcarte hacia los sectores medios: es rebajar el discurso, rebajar el programa y terminar en lo que es el MLN y el MPP, involucrados en un gobierno que es de derechas”.

El Epílogo de “Cero a la izquierda” lo escribió el propio Jorge Zabalza. Todo un testamento político del que tomamos unos párrafos:

“La realidad ha cambiado con relación a los tiempos de la epopeya. Eso no quiere decir que sea necesario cambiar las gafas con que se mira el mundo y la vida. No hay por qué ver al capitalismo y la democracia burguesa coloreados de rosa. Se pueden mantener las viejas gafas tupamaras para ver las nuevas realidades con los colores rojo y negro de siempre.”

“La subjetividad está controlada por los deseos de la gente de que el cambio venga desde un gobierno progresista que, probablemente, volverá a ganar. Un elemento importante para que la gente siga apoyando al gobierno es que habría que transitar caminos que no se conocen. Aun así, rechazamos las elecciones, la acción directa incomprendida por la mayoría. Podemos hacer crítica del capitalismo, de la democracia. Podemos plantearnos el poder popular, las okupaciones, la radios comunitarias, pequeños espacios de poder. Hay que reconocer, sin embargo, que el camino a seguir no está claro”.

Hasta la victoria, siempre, Tambero querido.

Foto de Alvaro Hilario, tomada en una de sus tantas visitas al Tambero en su barrio, el Santa Catalina

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Adrián, panadero y canillita. Gallego, argentino y uruguayo, por Emilio Crisi

Un 3 de enero de 1869 nacía Adrián Troitiño, referente gremial de Panaderos, fundador del Sindicato de Canillitas del Uruguay, emblema en los albores del sindicalismo uruguayo y argentino, y abnegado militante anarquista. Oriundo de Galicia, recala en Argentina en busqueda de oportunidades laborales. Se especializa en el rubro de panadero, actividad que lo acerca a la militancia gremial a la vez que al anarquismo.

Al poco tiempo se convertirá en referente de la Sociedad de Obreros Panaderos de San Nicolás, y más tarde de la Provincia de Buenos Aires. El 1° de mayo de 1891 será detenido tras participar activamente en los actos conmemorativos a los Mártires de Chicago. En su prontuario ya figura la caracterización de “anarquista peligroso”, luego de pasar un año y medio preso. Una vez libre, participará de la creación de varios grupos políticos anarquistas, entre ellos, “Los Hijos del Mundo”.

En esa misma tarea, fundará el Círculo Internacional de Estudios Sociales (CIES), junto a figuras de la talla de Ettore Mattei y Salvador Vidal. En 1899 le tocará compartir escenario en un acto anarquista junto al mítico Pietro Gori y a Adrián Padroni. Para 1902 será congresal junto a Juan Calvo, en el II Congreso de la Federación Obrera Argentina (FOA), representando al gremio de panaderos. Será expulsado al tiempo por la “Ley de Residencia”.

Pasará fugazmente por La Coruña y Barcelona antes de establecerse finalmente en Montevideo, donde retoma la actividad de panadero, incorporándose al “Sindicato de Oficios Varios” de Villa del Cerro. Luego de la brutal represión zarista tras el levantamiento en Rusia de 1905, Troitiño será orador en un acto en solidaridad, llevado a cabo en Montevideo, junto a cuadros del anarquismo tales como Grijalbo y Fernando Balmelli. Ese mismo año participará activamente en la huelga de carpinteros y la huelga de portuarios.

En ese contexto “El Abuelo”, como será conocido en la jerga militante, se sumará a la actividad de canillita, donde su denodado compromiso gremial lo llevará a fundar el Sindicato de Canillitas del Uruguay (más tarde Sindicato de Vendedores de Diarios y Revistas del Uruguay, SVDR). Será elegido secretario general del SDVR para 1923, momento en que el gremio cuenta con más de 3 mil afiliados. Será detenido y encarcelado -junto a decenas de referentes sindicales- por la dictadura de Terra en 1934, siendo liberado rápidamente tras la movilización popular. Partirá un 26 de mayo de 1941.

Su comprometida vida militante no pasará desapercibida al punto tal que su fecha de muerte es considerada en la actualidad como Día del Canillita en Uruguay. Como si esto fuera poco, una calle de Montevideo será bautizada, años despues, con su nombre.

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Destacada

La carrera de obstáculos de una trabajadora industrial | Por Flor Vespignani

Carina Savone es una excepción a la regla. Primera y única mujer mecánica en Cargill, la megaempresa transnacional del polo agroexportador de Rosario, y pionera en el gremio de aceiteros de Rosario, SOEAR. “Soy la primera mujer en ser parte de la Directiva en 70 años de historia que tiene el sindicato”, dice con orgullo. Para lograr todo esto, enfrentó una carrera de obstáculos que pocas logran sortear.

Se recibió de técnica electromecánica en motores navales. Siempre trabajo de mecánica, y desde hace ya 10 años está en Cargill. Fue elegida subsecretaria de género del Sindicato Obreros y Empleados Aceiteros de Rosario (SOEAR), cargo que se creó este año, con la nueva comisión directiva que asumió en 2021. Desde que arrancaron, empezaron a trabajar en asesoramiento y formación. Se están produciendo algunos cambios, pero queda mucho trabajo por hacer, muchos derechos por conquistar. No oculta su entusiasmo, sabe que no está sola.

Los obstáculos que enfrentó a lo largo de su formación y desarrollo en el trabajo fueron varios. Su papá no quería que estudie en “la técnica”, y aun cuando lo logró y consiguió trabajo, por ser mujer la bajaron de categoría y le dijeron muchas veces que estaba a prueba. Sufrió el maltrato sistemático de un gerente misógino y miles comentarios machistas que permanentemente la subestimaban. Pero no desistió, por eso su historia merece ser contada.

Carina y Laura fueron las únicas mujeres de la Federación de Aceiteros que viajaron al Encuentro Plurinacional de Mujeres Lesbianas, Trans, Travestis, Intersexuales, Bisexuales y No Binaries que se realizó 8, 9 y 10 de octubre en Territorio Huarpe, Comechingón y Ranquel. La ciudad de San Luis estaba ordenada, todo parecía estar en su lugar, como si supiera de la emoción contenida que recibiría en esos días. Nos encontramos en el taller sindical, y aprovechamos un intervalo para conversar. De fondo escuchábamos las discusiones y el bullicio que generaban tantas activistas debatiendo con intensidad. Un ambiente oportuno para esta entrevista.

 El principio

¿Cómo decidiste ser técnica mecánica?

Es una larga historia, yo tengo una hermana melliza, y cuando terminamos la primaria nos metieron en la misma escuela, como éramos mellizas teníamos que hacer todo igual. La escuela era comercial, y a mí no me gustaba. Siempre tenía que estar rindiendo contabilidad. Aguante hasta tercer año y le dije a mi mamá, basta, no me gusta esto. Para cambiarme a la técnica tenía que rendir 27 equivalencias. Y lo hice… pero en esa época mis viejos se habían separado y mi papá se opuso a que yo me cambie de escuela y haga la técnica. Pelearon mucho por este tema. Mi viejo es mecánico, pero no quería que estudie lo mismo. Decía que me iban a acosar y que ese no era un trabajo para mí. En parte tenía razón, pero me estaba coartando lo que yo quería hacer.

Su primer de trabajo de mecánica fue en Coto y para postularse tuvo que viajar a Buenos Aires, aunque el puesto de trabajo era en la sucursal de Rosario. Como era la primera vez que viajaba a esta ciudad, le pidió a una prima que la acompañe. En el aula para rendir el examen había 40 varones y ninguna mujer; estaba intimidada, ella tenía 20 años. Pidió al supervisor si podía entrar su prima, que no sabía nada de mecánica, y a regañadientes accedió. Le fue bien en la prueba, pero la tomaron como “auxiliar de mecánico” a diferencia del resto de los varones que entraron directamente como mecánicos. De hecho, crearon esa categoría, que no existía antes que una mujer se le ocurriera dar el examen. Obviamente el salario era menor. Carina era una “prueba piloto”, le aclaró el auditor, con ella iban a evaluar si seguían tomando mujeres… o no. Después de 4 años la subieron de categoría y a los 8 años la despidieron. Llegó a encargada de mecánica.

Después trabajó en la fábrica de helados La Montevideana. Cuando se presentó en la cola para el puesto de mecánicos un señor le preguntó si no estaba equivocada de fila, y el ingeniero que la entrevistó le aclaró que no sabía si iban a tomar mujeres. Finalmente entró. Trabajó 4 años, pero siguió buscando otras oportunidades para mejorar su sueldo y sus condiciones de trabajo. Por eso se presentó en Cargill, fue la primera mecánica en entrar. Pero aclara: “el gerente sacó rédito, porque sumó una mujer para innovar y eso le sirvió a él, pero bueno, a mí también”. Después de 10 años, sigue siendo la única mecánica, aunque ingresaron algunas mujeres más como operadoras de máquinas y algunas ingenieras a la parte de planificación.

“Esas pavadas”, todo el tiempo

A lo largo de los años, recibió muchos comentarios discriminatorios: “trajeron a una para lavar las piezas”, “¿ésta qué sabe hacer?”, “¿por qué no se va a la casa?” y “esas pavadas”, como ella le dice. En Coto, cuando hizo el curso de refrigeración, un tipo pretendió hacerse el chistoso y le aclaró que “corte y confección es el taller de al lado”. Pero Carina no aflojó. Con el tiempo, los compañeros de trabajo fueron entendiendo que ella puede hacer el mismo trabajo y que sabe hacerlo, aunque alguno se asombre.

Más allá de las “pavadas de siempre”, atravesó una situación grave en 2002. Un gerente misógino la maltrataba y le daba trabajos que no le correspondían. Una situación de acoso laboral. Esta vez tuvo que hacer la denuncia en la empresa y el Sindicato de Comercio no se involucró. Finalmente, el conflicto se resolvió por intervención de la empresa: vino un superior de Buenos Aires a ponerle “los puntos al gerente de la sucursal y no me jodió más” dice Carina.

La experiencia le sirvió para entender la importancia de la perspectiva de feminista en estos temas, pero también del rol del sindicato.

Carina está casada y tiene una hija, pero su pareja no es obstáculo en su trabajo ni en su militancia. “Él viene de una familia de 4 hermanos, y la madre los tenía cortitos a todos, era súper feminista. Mi marido cocina mejor que yo, las tareas en la casa son compartidas y los cuidados de la nena también”, cuenta. Él trabaja en el turno noche y ella de día, así pueden alternarse con el cuidado de la hija.

El camino sindical

Cuando entró a Cargill, tenía poca expectativa en el sindicato por la mala experiencia vivida, pero apenas entró se afilió. Al principio, cuenta Carina, “había paros; yo acataba, pero participaba poco, pensaba que todos los sindicatos eran iguales. En 2018 ocurre la época de los despidos y vi que el sindicato era muy activo”. Empezó a acompañar a una compañera que era la esposa de un despedido, allí vio un sindicato presente: “Hacían peñas, juntaban dinero, recaudaban, pusieron colectivos, y hacían paro”. Así empezó a entusiasmarse, al ver que ese sindicato realmente defendía a lxs trabajadorxs.

Empezó a estar más activa, hablar con los delegados, interiorizarse de los temas que los afectaban. Hasta que le propusieron ser delegada. Al principio dijo que no podía, que no tenía tiempo. Pensaba que iba hacer con la hija, cómo haría si surgía algo a la madrugada. “¿Con quién la iba a dejar?”, se preguntaba. Varias veces dijo que no.  

Más adelante le comentaron que se estaba armando una nueva lista, y le propusieron ser parte. A esa altura ya estaba bastante convencida, pero tenía que consensuarlo con su pareja por el cuidado de la hija. Finalmente aceptó. Hoy es la primera mujer ser parte de la comisión directiva en toda la historia del SOEAR. Carina va a algunas reuniones con su hija, lo mismo hacen otros compañeros con sus niñes. La idea, dice, es que “el sindicato este abierto para todos”.

Trabajo de fuerza, poner el cuerpo y cuidarse en equipo

El modelo de la masculinidad hegemónica impone a los varones demostrar fuerza y no cuidarse. Los hombres hacen más fuerza de la que corresponde y a veces no usan los dispositivos de seguridad. “Después terminan rotos”, cuenta Carina. “Hay compañeros con la cintura rota, discos partidos, lastimados. Luego tienen que cambiar de sector, incluso tenemos compañeros con jubilación anticipada”.

Como trabajadora y como sindicalista, ella impulsa mejores condiciones de trabajo y busca convencer a sus compañeros de que se cuiden. “Buscamos trabajar en equipos o dispositivos como para hacer menos fuerza. Esto es bueno, porque me cuido yo y los cuido a ellos también.  Generalmente trabajamos con dispositivos y máquinas que estamos implementando y pidiendo para no rompernos”.

Historias entrelazadas

¿Quiénes te alentaron o apoyaron desde un principio?

Mi abuela siempre fue mi ejemplo. Una mujer sin estudios que siempre trabajó. Trabajaba en el frigorífico Swift. Se separó y crió a mi mamá sola. Con su sueldo se pudo hacer su casita, se compró un terreno, cuidaba a su mamá también. Fue mi inspiración y mi ejemplo, ella siempre me dio fuerza. Siempre me apoyó en todo. Mi mamá también, pero mi abuela me daba una fuerza de otra manera, siempre estuvo re cerca. –relata emocionada.

Carina, su mamá, su abuela. Cada mujer con su historia.

El feminismo las reafirma en aquello que la vida les había ya enseñado: la autonomía económica es un pilar fundamental para que las mujeres puedan decidir su propio proyecto de vida y salir de situaciones de violencia y maltrato. Y van por más. Sin perspectiva de género, la lucha de clase va por la mitad.

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Destacada

“El 17 de octubre comenzó a gestarse el 10” | Cómo fue la semana que derivó en el histórico 17

El historiador Noni Cerutti, especializado en historia sindical, pasó por La Columna Vertebral para narrar cuáles fueron los distintos acontecimientos que sucedieron en la semana previa al 17 de octubre y derivaron en la histórica jornada para la clase trabajadora.

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