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Memoria

Otro 26/7: el primer acto de la revolución, por Héctor Amichetti

Fue el 26 de Julio de 1953. Se cumplía exactamente un año del día de la muerte de Eva Perón. América conmemoraba el centenario del nacimiento de José Martí.

El 10 de marzo de 1952, cuando apenas faltaban 4 meses para las elecciones presidenciales en Cuba, Fulgencio Batista había encabezado un golpe de estado. Batista era candidato y las encuestas lo ubicaban tercero. Fidel Castro tenía 26 años, su hermano Raúl, tan solo 22.

Fidel comandó ese día a los 135 combatientes que tenían como misión la toma del Cuartel Moncada en Santiago de Cuba y del Cuartel Carlos Manuel de Céspedes en Bayano en el “oriente indómito” de la isla. “Compañeros, podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos, pero de todas maneras, ¡óiganlo bien, compañeros! de todas maneras el movimiento triunfará”.” ¡Jóvenes del centenario del Apóstol!… aquí en Oriente damos el primer grito de ¡Libertad o Muerte!”.

Estas fueron las palabras de Fidel a sus compañeros antes de entrar en acción.

El operativo no alcanzó el objetivo previsto, sin embargo, las palabras de Fidel no estaban erradas. Seis años y medio más tarde, la dictadura de Batista era derrotada y el pueblo cubano celebraba el triunfo de su Revolución.

Fidel en el centro, rodeado de sus compañeros en una reunión previa al intento de Toma el Cuartel Moncada. A su izquierda, con anteojos, Abel Santamaría, segundo responsable del operativo, caído en combate ese día.

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Florencia Vespignani: “Existe una subestimación a los movimientos sociales y su capacidad de decidir”

Florencia Vespignani, artífice de la remodelación de la estación de tren Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, charló con Laura Giussani Constenla y Nora Anchart a 20 años del asesinato de los dos militantes a manos de la Policía en una de las represiones más cruentas de la democracia.

LCV: ¿Cómo estuvieron las cosas este fin de semana?

-No solo este finde sino que, como se cumplían 20 años, estuvimos intentando dedicarle bastante tiempo previo, así que desde mayo estamos tratando de mejorar la estación. Siempre la estación está en permanente cambio, transformación, algunas cosas se renuevan, otras se vuelven a hacer. Aparte de los dos años de pandemia habíamos estado con poca actividad, entonces este año le dedicamos desde mayo así que estoy cansada, pero a la vez también conmovida, conmocionada. Estos días son así de fuertes, intensos, de volver a pensar y encontrarse con un montón de compañeros y compañeras y por lo menos estoy contenta porque la estación quedó mucho mejor y la pudimos levantar y transformar. Como la estación está siempre viva también es una forma de que también estén vivos nuestros compañeros Darío y Maxi y toda la lucha de ellos que nos simboliza tanto.

LCV: ¿Cuáles eran objetivos de un movimiento social en aquel momento?

-Nosotres nos organizamos en asamblea. Siempre lo bueno de Lanús era que veníamos coordinando con otros movimientos, conocíamos, se habían dado algunos cortes de desocupados y desocupadas en zona sur y algunos íbamos a conocer, porque la verdad con la mayoría de los compañeros que después conformamos La Verón, que es el movimiento donde yo estaba y estaba Darío, se fue armando de la lucha en la calle. Se hacía un corte en Varela, un grupito íbamos a ver quiénes eran y así se fue armando una coordinadora de lucha. Pero concretamente en el barrio eran asambleas. Hace poco por suerte tuve la posibilidad de reconstruir la historia de una compañera nuestra que fue Luisa Canteros, ella fue la primera vecina que empezó a invitarnos, que puso su casa para hacer las asambleas en el patio y empezamos con una asamblea de 20 vecinos y vecinas para ver qué pasaba y estaba la desocupación allá arriba y no se podía, teníamos dificultades.

Había compañeras que venían a las asambleas con dificultades básicas de alimentaciones y eso fue lo que empezó a mover la organización, la necesidad y después la posibilidad de organizarnos y juntarnos con otros para ir a reclamar. Eso fue el inicio. Después de ahí surgieron un montón de cosas, las asambleas, la organización. Nosotras teníamos asambleas todas las semanas y todo lo decidíamos en asamblea, a dónde íbamos, qué hacíamos con los grupos; porque nosotres peleamos también que los planes, cuando nosotros cortábamos y efectivamente lográbamos algún subsidio o plan discutíamos al municipio que queríamos organizar grupos productivos, grupo de salud a partir de las necesidades del barrio. Entonces hacíamos cosas desde limpiar la zanja hasta hacer una pasada por todas las casas por el tema del dengue y después empezamos a exigir y a pedir maquinaria para poder trabajar, entonces tenemos una panadería que todavía sigue funcionando. Por ejemplo, con Darío teníamos el proyecto de hacer bloques para poder hacer viviendas, había herrerías, se intentó hacer huertas. Nosotros le decimos productivos para tratar de volver a organizarnos a través del trabajo. Lo que sí armábamos era en forma, nosotros en ese momento le decíamos trabajo libre y compartido, podía ser una cooperativa, entonces entre todos discutíamos que comprar, dónde venderlo, el precio. La panadería era central por tener un pan barato por el barrio.


“La estigmatización de la lucha social es jodida, porque prepara escenarios donde se justifica la represión”

sobre la subestimación de parte de otras clases

LCV: En su momento recuerdo que no había representación, se buscaba una horizontalidad.

-Sí. Eso sí es horizontalidad, después nosotras lo volvimos a resignificar y hablamos de democracia de base, esto de decidir todo en las asambleas, que era un trabajo muy arduo porque era mucho tiempo que nos llevaba pero era la base que nos daba esa fortaleza, porque después del 26 de junio del 2002 quedó probado eso en el sentido de que después de todo lo que nos pasó y nos corrieran y nosotros volver con un compañero asesinado al barrio, estaba esa fortaleza de decir que esto que hicimos lo habíamos decidido entre todes. Por supuesto los aportes, esto que ahora se habla, yo sé que ese es el tema que más genera, también lo decidíamos entre todos. A mí me indigna bastante porque también me pasa a veces, yo ahora estoy afiliada a Suteba ahora, esto de los micros. Si uno es un trabajador y tiene un mínimo ingreso, aunque sea un desocupado y tenga un plan, si uno tiene y decide hacer un aporte a su propia organización para después justamente poder movilizarse, poder salir, nosotras hacemos día de niño, hacemos un montón de cosas entre todes juntando. A veces era un aporte económico, a veces era la panadería haciendo tortas para poder festejar los cumpleaños de los chicos y chicas del barrio, y todo eso también era aporte que hacía cada familia. Es como que se descalifica eso, no te podés organizar y tener que mendigar que te lleven o no sé, porque eso también es una fortaleza de la organización de pueblo y de los trabajadores y trabajadores en tener su propia economía y poder decidir.

LCV: No es la mirada de los movimientos sociales y se está haciendo de esto una gran melange.

En esto que vos decís de la mirada también hay una subestimación a los movimientos y a los sectores populares de su capacidad de decidir. Porque si te llevan, de alguna forma te están subestimando, y eso tiene que ver con clase, no sé si clase mediera o clase alta, clase alta seguro, es una mirada de clase bastante injusta, pero creo que tiene que ver con eso y eso se propaga para todos lados. Para los movimientos sociales más de izquierda, para los movimientos sociales ligados al gobierno, esto de los choriplaneros, todas esas cosas espantosas que escuchamos ahora y estigmatizan. Ayer se daba este debate, si también esto no es una forma de estigmatizar y nos remite a 20 años de lo que pasó. Porque no nos olvidemos que para llegar al 26 de junio y planificar la represión brutal que hicieron también hubo en la previa palabras que se empezaron a usar en la tele como que éramos subversivos, como que queríamos derrocar al gobierno, hubo escenas donde se hablaba de tumberas, todo eso fue la previa. Entonces la estigmatización de la lucha social y la lucha política es jodida, porque después prepara escenarios donde se justifica la represión, a pesar que la del 26, por todo el contexto político que había también se logró revertir esa idea. Pero no nos olvidemos que los primeros minutos en los medios decía “se enfrentaron entre ellos”.

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UTD Mosconi: a 22 años del asesinato de los piqueteros Alejandro Gómez y Orlando Justiniano

Organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos se movilizaron este lunes para recordar a Alejandro Gómez y Orlando Justiniano, dos piqueteros de Mosconi asesinados en el marco de las protestas que se sucedían en el 2000 en la localidad salteña.

En Mayo del 2000, la UTD Mosconi comenzó una serie de protestas en solidaridad con obreros que se encontraban construyendo el hospital de Mosconi y reclamaban hacía meses por un aumento de salario. ¿La primera medida? Paro y movilización.

Ante la falta de respuestas, organizaciones sociales y el movimiento piquetero decidieron realizar un corte de ruta que derivó en el pedido de captura de distintos dirigentes por parte del Estado. Como respuesta, el paro se extendió a todo el departamento provincial y se profundizaron los piquetes.

Fue en ese momento que la represión de las autoridades, que hasta el momento utilizaban balas de goma y gases, llegó a otro nivel. El 9 de mayo, tras el accionar de grupos parapoliciales, los piqueteros Alejandro Gómez y Orlando Justiniano aparecieron muertos sobre la ruta 34 en lo que la policía provincial etiquetó como “accidente de tránsito”.

Sin embargo, existe una multitud de pruebas que apunta a la policía como culpable. La principal investigación fue realizada por el periodista Marcos Díaz Muñoz, quien luego escribiría el libro “Orden, Represión y Muerte. Diario de la Criminalización de la protesta social en Salta”.

Luis Alberto Valdiviezo es probablemente una de las últimas personas que vio a sus compañeros Gómez y Justiniano con vida. Los tres se encontraban recogiendo leña para llevar al lugar de la protesta. Según declaró Valdiviezo, mientras trabajaban llegó una traffic blanca de la cual bajaron personas de civil y alguien con el uniforme de la policía salteña. Sin aviso, comenzaron a disparar. Fueron heridos algunos piqueteros, incluido Valdiviezo, que lograron huir, pero Gómez y Justiniano fueron aprehendidos y tirados en la caja de la camioneta.

“Cuando bajaron, el primero, un policía, agarró el arma, una escopeta, hizo un tiro y luego bajaron otros que remontaron y tiraron”, declaró Valdiviezo a la prensa. “Eran policías; yo tuve que correr, me dolía mucho cuando me voltearon, y no pude ayudar a mis compañeros”. Ante la pregunta de por qué no denunció el hecho, el piquetero indicó que “por miedo”. “Cuando estaba en Salta, después de la operación vinieron dos tipos de civil a preguntar por mí, mi nombre en el hospital, pero nadie sabía que me encontraba en el hospital, únicamente mi familia”, narró.

Ante los asesinatos, la policía intentó instalar que se trató de un accidente de tránsito producto de la alcoholemia que tenían los fallecidos. Sin embargo, en el mismo expediente figura que las pruebas de alcoholemia realizadas por el bioquímico Miguel Martínez a los cuerpos de Gómez y Justiniano habían dado 0,01 grs por ciento: menos del valor más bajo de la planilla policial. Además, el primer informe del médico policial informó que la muerte de los piqueteros había sido por traumatismos en el cráneo, y que a su vez presentaban múltiple traumatismos en sus cuerpos.

A 22 años, sus familias, amigos y compañeros, piden justicia. Otro caso entre los tantos de violencia, asesinato e impunidad policial.

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30 de marzo de 1982: la marcha obrera que desafió a la dictadura

“El que apuesta al dólar pierde”, dijo en 1981 el flamante ministro de economía, Lorenzo Sigaut, y la frase hizo historia. A los tres meses de la sentencia el dólar sufrió una devaluación del 30%, apareció el mercado negro, y la cotización trepó de 3.000 pesos en abril a 10.000 en junio. La Junta Militar empezaba a desmoronarse, el espejismo del dólar barato que le permitió a la clase media viajar al exterior creyéndose poderosa ya no tenía su efecto anestésico. La industria nacional estaba destruida. El poder adquisitivo en franco declive y la pobreza en aumento.

Roberto Viola había sucedido al dictador Videla, usurpando el sillón de Rivadavia. El plan de Martínez de Hoz ya había hecho su parte gracias al aparato represivo puesto a su disposición, tal como señalaba Rodolfo Walsh en el primer aniversario del golpe militar: “En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada. En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%…han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.”

A pesar de decenas de miles de presos, desaparecidos, torturados y asesinados y millones de exiliados, las protestas empezaron a hacerse ver. En junio de 1981, frente al anuncio de despidos en las fábricas automotrices,  SMATA lanzó un paro nacional con una marcha que tuvo más de mil detenidos. Frente a este panorama crítico, Viola le cedió el puesto a Leopoldo Fortunato Galtieri el 22 de diciembre de 1981. Roberto Alemann reemplazó a Sigaut y congeló los salarios al tiempo que aumentaba los servicios públicos.

En el histórico edificio de la CGT permanecían, impávidos, los sectores más conservadores del sindicalismo argentino con Jorge Triaca a la cabeza, se la llamaba la CGT Azopardo. Otra CGT alzaba la cabeza, denominada CGT Brasil por el lugar de su sede, allí despuntaba la figura de Saúl Ubaldini del gremio de cerveceros.

En febrero de 1982 los trabajadores anunciaban un plan de lucha. Primero se pensó en una marcha el 24 de marzo en un nuevo aniversario del golpe, finalmente concedieron hacerla el día 30 del mismo mes. El lema de la convocatoria fue: Paz, Pan y Trabajo. La consigna más cantada: ‘Se va a acabar, la dictadura militar’. Fueron alrededor de 15.000 los que se animaron a la primera marcha obrera que desafiaba a los militares en la misma Plaza de Mayo. Saúl Ubaldini, en andas de sus compañeros, megáfono en mano, arengaba a los manifestantes.

La CGT Brasil liderada por Sal Ubaldini convocaba el 30 de marzo de 1982 a una movilizacin masiva contra la dictadura bajo el lema Paz pan y trabajo Foto Archivo
La CGT “Brasil”, liderada por Saúl Ubaldini convocaba el 30 de marzo de 1982 a una movilización masiva contra la dictadura bajo el lema “Paz, pan y trabajo”. (Foto Archivo)

Una jornada de lucha y entusiasmo, la ciudadanía comenzaba a quitarse el miedo del alma. Hubo movilizaciones también RosarioMar del PlataNeuquénTucumán Mendoza, donde un jubilado murió baleado por la policía.

La Junta Militar había prohibido la marcha y preparó la represión. Hubo gases, carros hidrantes, balas de goma, 2.000 detenidos, y un tendal de heridos pero la sensación era de victoria. ‘Se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar’ empezaba a ser algo más que un deseo.

Tres días después, el General Galtieri anunciaba la ‘recuperación de las Islas Malvinas’. Iniciaba una guerra con Gran Bretaña. Por un rato, la plaza vivó al son del nacionalismo a los dictadores que preparaban su retirada. Luego de la derrota y de centenares de muchachos sin preparación muertos en el frío del sur, el 17 de junio de 1982, renunciaba el dictador Galtieri, sin pena ni gloria.

El grito y la convicción de que la dictadura se acababa fue cada vez más fuerte.

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